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El 7 de junio de 1810 vio la luz la “Gazeta de Buenos Ayres”, siendo su mentor Mariano Moreno, uno de los integrantes de la Primera Junta de Gobierno. Por esos se celebra hoy, en Argentina, el Día del Periodista.

 

Sin embargo, el periodismo en estas pampas, como práctica discursiva de relatar la actualidad, no empezó con Moreno, ya que hubo un quehacer informativo en la etapa colonial temprana.

Esta prehistoria se vincula a las primeras manifestaciones de esta actividad durante el período en que España dominó estos territorios americanos, dándoles su impronta cultural específica.

Cabría postular que muchos conquistadores, que se dedicaron a narrar en América los acontecimientos vividos y a describir el nuevo mundo para destinatarios europeos, fueron los precursores en suelo latinoamericano del reportero moderno.

Estos “cronistas” de Indias siguieron, obviamente, las pautas discursivas vigentes en las culturas de aquella época, emulando así los escritos algo fantásticos de Marco Polo, que creyó ver, por ejemplo, unicornios en los rinocerontes que aparecían ante sus ojos.

Los propios escritos de Cristóbal Colón son sin duda el primer intento por construir un universo discursivo sobre las tierras descubiertas y la relación que entablarían los españoles con los nativos.

En sus diarios de viaje se esbozan ya los trazos básicos de ese “otro nativo” que habrá de repetirse en la escritura de soldados, navegantes, clérigos y hombres de letras que llegaron posteriormente a “relatar la actualidad” del nuevo mundo.

Por lo demás, la prensa hispanoamericana registra un desarrollo similar a la de los países occidentales, aunque con un gran desfase en el tiempo.

En la época de la Colonia la evolución de la prensa escrita estuvo condicionada por la importación de instrumentos tecnológicos que hicieron posible su desarrollo.

Como se sabe, la invención de la imprenta en Occidente se adjudica a Johannes Gutenberg. Fue él quien, aproximadamente entre los años 1450 y 1455, editó por primer vez la Biblia impresa a través de caracteres móviles.

Pues bien, la primera imprenta en el Nuevo Mundo surgió en 1539, es decir casi un siglo después, en el virreinato de México. En 1576 se instaló otra en Perú. Estos son los antecedentes más remotos de la producción periodística criolla.

Distinta fue la situación en el Cono Sur americano, que por el retraso en la incorporación de tecnología, tuvo un desarrollo cultural más tardío, con “hojas impresas” que recién comenzaron a circular a principio del siglo XIX, en los años cercanos a la Independencia.

La primera máquina para imprimir en territorio argentino no fue traída de lejanas tierras, sino que fue construida en el país por los padres jesuitas. Dicha hazaña tuvo lugar hacia el año 1700.

Con esta imprenta, que trabajó hasta 1721, se buscaba que las publicaciones contribuyeran a la propagación de la fe e instrucción cristianas en las misiones.

La imprenta fue llevada a otras dos reducciones (a la de Santa María la Mayor y a la de San Javier), hasta que fue establecida en Córdoba en el Colegio de Montserrat, donde comenzó sus publicaciones en 1766.

Con la expulsión de los jesuitas en 1767, la imprenta dejó de funcionar. Pero más tarde, el virrey del río de la Plata don Juan José Vértiz decidió comprar y reparar esa máquina.

Fue así que, en 1780, fundó en Buenos Aires la Real Imprenta de Niños Expósitos con el objeto de que el gobierno tuviera un instrumento adecuado para difundir noticias, bandos y proclamas.