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Iwrhya sirvió como general en tiempos del gran Ramsés II (1279 – 1213 a.C.) y su sepultura había permanecido hasta ahora bajo las arenas de la necrópolis de Saqqara, en las afueras de El Cairo. Una misión egipcia acaba desenterró su tumba en el que guardaba entre los muros de su tumba su historia familiar, divulga el diario ibérico El Mundo.

“El enterramiento pertenece probablemente a los reinos de Seti I y Ramsés II. No ha sido aún excavado por completo pero nos ha proporcionado mucho material que atestigua el alto nivel de su propietario y su familia”, comenta Ola el Aguizi, profesora de egiptología de la Universidad de El Cairo y responsable de la excavación que ha obrado el hallazgo, localizado a unos 25 kilómetros al sur de la meseta de Giza.

En concreto, la sepultura se encuentra ubicada en la necrópolis del imperio nuevo de Saqqara, al sur de la calzada del faraón Unas, de 750 metros de extensión. Las primeras pesquisas reunidas por su equipo indican que Iwrhya era un alto general del ejército faraónico y ostentaba los títulos de ‘alto mayordomo del dominio de Amon y alto mayordomo de Ramsés II’. Su nombre y cargos aparecen en la sepultura junto al de parte de su árbol genealógico. Entre ellos, el de su vástago Yuppa y su nieto Hatiay, que ocupa una destacada posición en las inscripciones talladas en los muros.

La biografía exhibida en la piedra arroja luz, además, sobre la propia singladura de Iwrhya, que se enroló en el ejército durante el reinado de Seti I (1290-1279 a.C.) y alcanzó los escalafones más altos en tiempos de Ramsés II. Como otros tantos personajes de la corte, era un extranjero que logró asentarse en el país y prosperar en los pasillos del poder. “La presencia de los nombres de hijo y nieto sugiere que se trata de una tumba aunque no podrá confirmarse hasta que se completen las excavaciones de su santuario y su pozo”, agrega El Aguizi.

El espacio construido para su descanso eterno sigue el patrón de las tumbas coetáneas: una antecámara, formada por una sala de estatua y unos almacenes contiguos con techos abovedados; un peristilo y unas capillas orientales que todavía restan por excavar. Las escenas que han sobrevivido en los muros de la primera estancia exhiben estampas poco habituales de la vida diaria, relacionadas con la carrera castrense de su difunto y las relaciones exteriores con los países vecinos como barcos descargando jarras de vino procedentes de Canaán (el territorio que ocupan hoy Palestina y Siria).

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