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Por CAROLINA JACKY / ¿Es posible que se preste atención a las cuestiones de derechos humanos cuando la sociedad toda no puede dejar de hablar y pensar en el próximo “martes 15”?

Nadie puede abstraerse de lo que Argentina está viviendo en estos días.
Para algunos esto será la primera vez.
La mayoría de los millennials, sin experiencia en estas crisis, desconcertados, tratando de entender lo que sucede y lo que sucederá, pasan días de gran stress.
Para otros esta será una de las tantas experiencias vividas en esta República Argentina.

Recuerdo aquel tiempo en que mis abuelos y mi padre se enfrentaron a una situación similar.
Cabe aclarar que las situaciones son similares, pero no iguales, y por tanto los resultados y las soluciones no se replican.
En aquella oportunidad, mi recuerdo está en un bono que el Estado Argentino emitió, “el Bono 9 de Julio”, (Empréstito de Recuperación Nacional 9 de julio).
Luego de esa experiencia, durante la presidencia del Dr. José María Guido, estas crisis volvieron a producirse tanto en gobiernos constitucionales o de facto.
De una u otra manera nuestro signo monetario se iba depreciando en el tiempo, y cada tanto requería la cuota de realismo.

En cada uno de esos episodios escuchábamos a los gobernantes de turno decirnos que todo estaba bien y controlado.
Que la culpa la tenían los otros, “los yanquis”, “la sinarquía internacional”, “los grandes capitales”, “las empresas extranjeras”, “la CIA”, “los comerciantes especuladores”, “la oposición”, “la patria financiera”, etc…. siempre los otros.
También se acusa a los trabajadores por “el costo laboral” o a los jubilados porque muchos se jubilaron sin aportar, pero ninguno de los que así hablan hacen algo respecto al impuesto a las ganancias que otros no pagan, o a los altos sueldos de los funcionarios, o los gastos que tienen en agasajos o viajes, o las jubilaciones especiales, o los gastos de las provincias y municipios.
Es más fácil cargarle la culpa a los trabajadores y a los jubilados, que dejar la hipocresía y predicar con el ejemplo.

Nuestros gobernantes nunca se hicieron cargo de su cuota de culpa, ni tampoco solucionaron la situación.

En todos estos años muchos aprendimos que “el control de precios”, “los precios fijos”, “el control de cambios”, “el dólar fijo”, como otros controles de la economía solo sirvieron para llevarnos a tantos 15M.
El 15M puede ser un día para recordar o un día más, pero lo que sí es seguro, es que este año tendremos que enfrentarnos a la realidad.
Una de esas realidades es que se le ha estado ofreciendo a la gente una forma de inversión en pesos que rinde una tasa del 40%, o sea que el que puso $100, al año va a retirar $140.
Cuando uno hace esta cuenta, con un dólar controlado, sin dudas que llega un día en que el inversor se quiere retirar de la mesa y llevarse todo, esto puede suceder el 15M.
De ser así el 15M, que vencen 30 mil millones de dólares, en pesos (valor $24 por dólar) habrá que devolver los $100 más los $40, que deberemos emitir para poder pagar.
Esta emisión hace crecer la base monetaria, por lo que esto modifica el valor del peso en relación al dólar.
Si comprendemos esto, y el 15M todos van a retirar los pesos y con esos pesos van a comprar los dólares, es sencillo calcular de cuánto será esa depreciación del peso.
No es el dólar el que sube, sino nuestro peso el que baja, y por eso se necesitan más pesos para comprar un dólar.

¿Podemos hacer algo para cambiar o modificar esto?
¿Podemos evitar un terremoto?
¿Podemos evitar una lluvia o la caída de un rayo?
Al igual que los fenómenos de la naturaleza nosotros no podemos hacer nada.
El desprecio por la ciencia económica, nos lleva a esto.
Esto es lo que hay que explicarle a los millennials para que no desesperen, para que nada pueden hacer para evitar lo que viene.
Para los que ya vivimos estas experiencias, tenemos que pensar que ya las pasamos, que sobrevivimos, que de nada vale la pena angustiarse, ni estresarse, no hay que entrar en pánico y nuestro deber es tranquilizar.

No hay que creerle a los gobernantes que nos dicen que el dólar no va a subir más, porque el dólar no sube, es nuestro peso el que baja.
Tampoco hay que creerles que la inflación de este año será del 15%, cuando ya estamos más cerca del 30%.
Tampoco debemos imputar esto a los empresarios, comerciantes, financistas o al mundo exterior.
Todos van a defender lo suyo, como cada uno de los argentinos lo está haciendo en estos días.
Nadie quiere perder ante la eventualidad de tener un dólar de $27 como se dice que establece el Fondo Monetario, o que libremente pueda superar esa suma.
Tampoco nos debe sorprender que como en el 89 se establezca un Plan Bonex y a todos los tenedores de Lebac se les entregue un bono en dólares a 10 o más años, con una tasa internacional, y ahí el Estado Argentino no tiene que desembolsar ni un peso, tampoco necesita ir al Fondo Monetario, y tendrá caja como para llegar a las elecciones del 19.
Esto permitiría que se baje la tasa de interés sin que impacte al dólar, pero seguramente nuestros funcionarios ya tendrán prevista alguna solución para evitar una crisis mayor.

Después de esto, seguiremos igual, hasta la próxima crisis, porque todos los gobiernos son iguales, siempre existió uno que nos llevó al abismo y otro que finalmente nos pegó el empujón.
Todavía no ha llegado quien cambie estos 70 años de administradores irresponsables, que cargan sobre la sociedad los gastos que no han sabido, ni saben controlar.

Carolina Jacky

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