Las bandadas afectan plantaciones de duraznos y ciruelas en Junín y San Martín, en plena etapa de floración. Los agricultores reclaman medidas de control y aseguran que los daños comprometen las próximas cosechas.
Las catas se convirtieron en una amenaza para la producción frutícola del Este de Mendoza, donde los agricultores denuncian daños crecientes en las plantaciones de duraznos y ciruelas. La presencia masiva de estas aves preocupa especialmente en sectores de Junín, como la Ruta 60 y Molino Viejo, y en distritos de San Martín, entre ellos Montecaseros, Palmira y Chapanay.
El avance de las bandadas encendió las alarmas entre los productores, que advierten sobre las consecuencias económicas de los ataques a los frutales. El problema adquiere especial gravedad porque parte de los daños se registra durante la floración, una etapa decisiva para el desarrollo de los cultivos y la producción de la próxima temporada.
De acuerdo con los testimonios recogidos por Radio Regional, la magnitud de las pérdidas llevó a los agricultores a comparar el impacto de las aves con el de las contingencias climáticas que afectan habitualmente a la actividad. Los productores sostienen que la situación requiere una respuesta urgente para evitar que el problema se extienda a más fincas.
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Los daños de las catas en los frutales de Junín y San Martín
Las plantaciones de fruta de carozo se encuentran entre las más afectadas por la proliferación de estas aves. Los productores señalan especialmente los cultivos de durazno y ciruela, dos variedades relevantes para la actividad agrícola de la región.
Uno de los testimonios difundidos por Radio Regional refleja la preocupación que atraviesa al sector. “Es muy grande el daño que están causando las catas, hasta el punto de que en esta dimensión es superior a lo que puede provocar el granizo e incluso una helada tardía”, afirmó un productor de la zona.
La comparación expresa la percepción de los agricultores sobre la gravedad del fenómeno. El granizo y las heladas tardías forman parte de los riesgos conocidos de la producción mendocina, pero los afectados advierten que la presencia de grandes bandadas suma una amenaza difícil de controlar con los recursos habituales de las fincas.
En Junín, los reclamos apuntan a sectores de la Ruta 60 y Molino Viejo, mientras que en San Martín existen antecedentes en Montecaseros, Palmira y Chapanay. La extensión territorial de los reportes alimenta la preocupación por las consecuencias que el problema podría tener sobre la actividad frutícola del oasis Este.
La floración agrega un factor de riesgo. Los ataques en esa etapa pueden comprometer el desarrollo de la producción, por lo que los agricultores temen que las consecuencias se reflejen en los rendimientos y en los ingresos de las próximas cosechas.
El reclamo por medidas de control de las aves
Uno de los principales obstáculos señalados por los productores es la imposibilidad de actuar por cuenta propia mediante la caza o el ataque directo a las aves, prácticas que, según sostienen, están prohibidas. Esa restricción coloca el foco en las alternativas de manejo y control que puedan implementar las autoridades competentes.
Los agricultores reclaman que el Estado provincial avance con herramientas que permitan reducir la presencia de las catas en las áreas productivas. Entre las alternativas mencionadas aparecen los equipos sonoros de ahuyentamiento, destinados a desplazar a las bandadas de los sectores donde provocan daños.
El planteo no se limita a la búsqueda de una solución inmediata. Los productores también exigen que se concreten las medidas que, según denuncian, habían sido comprometidas con anterioridad por funcionarios provinciales.
“Esa fue una de las tantas promesas que nos hizo el ministro Vargas Arizu y el subsecretario Sergio Moralejo, pero, como todo lo que dicen, no cumplen nada”, sostuvo Raúl, otro de los agricultores consultados por Radio Regional.
La declaración expone el malestar del sector frente a la falta de respuestas que denuncia. Sin embargo, para establecer el alcance de las medidas anunciadas, su estado de implementación y las razones de las demoras, resulta necesario contar con información oficial de los organismos involucrados.
El impacto económico que preocupa al oasis Este
La amenaza de las catas se suma a los riesgos que condicionan cada temporada agrícola. Para los productores de Junín y San Martín, los daños en los frutales representan un problema que puede afectar el resultado económico de las fincas y complicar la planificación de las próximas cosechas.
La preocupación también tiene una dimensión territorial. Si los ataques se mantienen en diferentes distritos del Este mendocino, la necesidad de una estrategia de control podría superar la capacidad de respuesta individual de cada establecimiento.
En ese escenario, los agricultores consideran prioritario disponer de mecanismos eficaces para ahuyentar a las aves y proteger las plantaciones. La elección de las herramientas, su alcance y su aplicación deberán contemplar las condiciones de las zonas afectadas y las disposiciones vigentes para el manejo de la fauna.
Por ahora, los productores mantienen el reclamo de una intervención que permita contener el avance de las bandadas. La expectativa está puesta en que las autoridades provinciales definan medidas concretas y puedan informar qué acciones se ejecutarán para atender la situación.
La evolución del problema será determinante para conocer el impacto real sobre la producción frutícola. Mientras tanto, los agricultores advierten que la falta de soluciones puede comprometer la continuidad económica de las explotaciones y reclaman que la prevención deje de ser una promesa para convertirse en una respuesta efectiva.