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A 10 años de la erupción del volcán Puyehue

Jun 4, 2021

Si se nombra a José Luis Giambirtone, quizá la mayoría mire con ojos desconcertados. Ahora, si se pronuncia el apelativo de Chiwi, son muchos los que saben de quién se habla.

Su apodo, en Bariloche, es sinónimo de fotografía.

Y, al cumplirse diez años de la erupción del volcán Puyehue, vale recordar su libro “Reportaje Cenizas”, que apareció en aquel mismo 2011.

“Tenía muchísimo material acumulado; algo así como seis mil fotos”, recuerda Chiwi.

Así, un amigo, al ver aquella cantidad de imágenes, le soltó: “Con esto se podría hacer un libro”.

A partir de aquella frase nació el proyecto de llevar a cabo una obra de tono vivencial, como un registro de lo que había sucedido.

Acostumbrado a preparar fotolibros de bodas, lo fue armando.

Pero esto era algo que iba más allá de planificar un recuerdo de casamiento, y surgía también la cuestión económica como un escollo a sortear.

“En aquel entonces, mandar a imprimir un libro era carísimo”, apunta Chiwi.

La solución que encontró fue prepararlo de manera artesanal.

“Compré una guillotina, una impresora de calidad, con buen papel, y me encargaba de imprimir y encuadernar”, cuenta.

Hizo dos ediciones en papel, y, en la actualidad, está disponible en PDF (se puede conseguir en su página web, o solicitarlo por Facebook o Instagram), aunque no descarta, en un futuro próximo, volver a realizar una edición tangible, pero, esta vez, por medio de una imprenta.

En cuanto a aquellas jornadas en las que Bariloche se cubrió de ceniza, rememora: “Fueron días intensos. Hacía poco -el 16 de mayo- había nacido mi hijo más chico…”.

“A la mañana siguiente a la erupción, apenas amaneció, caminé hacia el centro, haciendo fotos por todos lados… Era increíble; para un fotógrafo, era como estar en Disney”, señala.

Pero aclara que, más allá de ese fervor por fotografiar, durante la primera jornada, ante el desconcierto, el miedo “por lo que podría llegar a pasar” era notorio.

En ese sentido, menciona que, la noche del 4 de junio, “en los supermercados no quedaba agua”, porque la población había corrido a abastecerse por el temor que provocaba ese acontecimiento que corrió todo de eje.

“Lo recuerdo como algo que quedó en la historia; siempre estará en nuestra memoria”, afirma.

En su libro, hay una serie de tomas a buzos trabajando en un agua que es más ceniza que líquido.

Una de esas fotografías, precisamente, fue escogida por la agencia Reuters como una de las mejores cien de aquel año. 

En ese sentido, explica que, desde esa agencia, le solicitaron alguna foto impactante.

“Yo había visto un video de un buzo que quiso meterse en el lago, a la altura del Centro Cívico, y no pudo hacerlo”, relata.

Así que, cuando se enteró de que Prefectura iba a llevar a cabo una limpieza de filtros, fue a consultar si podía realizar un registro fotográfico.

Le contestaron que, cuando la hicieran, lo llamarían.

Chiwi apunta que dudaba que lo hicieran, pero pronto sonó su teléfono.

Apenas le avisaron, salió corriendo hacia la boca del Limay.

De allí, surgieron esas imágenes que impresionan, con los buzos braceando en un gris casi sólido, y luego saliendo del agua, caminando en una orilla en donde todo es ceniza.

Cuando se le consulta si se quedó con ganas de tomar alguna foto durante aquellos días, responde: “Pasa siempre; decís: ‘¡Uy!, podría haberle sacado a eso’”.

“A veces, uno se concentra tanto en algo que, por ahí, hay cosas al lado y no te das cuenta”, concluye Chiwi, a quien, en realidad, al ver sus fotos, se nota que nada le pasa desapercibido.

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