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Bonarda, el fuego camina «con ella»

Jul 21, 2021

Por CARLOS FERNÁNDEZ / En el Cono Sur, ya hace varios varios años, antes de que evolucionara su civilización, comenzó a gestarse la historia de las leyendas femeninas que acompañaron a los hombres en todas sus experiencias humanas. Hoy cobraron relevancia producto de un trabajo que requirió algunos siglos que constan en los registros de la historia y que no solo habla de mujeres humanas sino también de entidades vegetales que nacen, crecen, se reproducen y mueren, no sin antes de dejar su huella en la eterna búsqueda del placer civilizado.

Sin dudas, el vino es uno de los hijos dilectos de esa civilización que no para de reinventarse, en este caso, en cientos de miles de formas de placer concentrado en cazos, vasos y copas.

Con dichas leyendas, fue que pudieron adaptarse las almas a una geografía y un tiempo difícil de ser comprendidos en un territorio atravesado desde las entrañas de la Tierra por un largo río de lava y fuego que sube hasta el Hemisferio Norte y gira hacia la izquierda en el mapa y vuelve a bajar y que aún hoy sigue marcando el ritmo de diversos pueblos, actualmente ciudades interconectadas por la evolución de la raza dominante que logró transformar desiertos en oasis, en verdaderos paraísos.

Volcán Tupungato.

Desde antaño, los volcanes comenzaron a liberar una descomunal e incontenible energía que hoy puede seguir siendo sentida y que muchos mortales temen sobre la superficie. Más aún, cuando afinan los sentidos y el bramido subterráneo aporta, además de un pendulante movimiento continuo, a cientos de miles de minerales que fluyen en la oscuridad por cámaras bajo tierra y que buscan siempre la luz.

Primero bajo el amparo del calor y la luminiscencia del fuego del magma del «Cinturón de Fuego – Ring of Fire» y, un poco más tarde, bajo el poder del Sol que en esa parte del Planeta encontró una alianza que las mujeres y los hombres lograron comprender en sus viajes hacia la subsistencia: la evolución de las especies y las razas y las mil formas de placer que inventaron para asegurar la continuidad de las tribus, los clanes, de las castas y hoy, de los pueblos que fueron posteriores a la llegada de la vid y de los vinos únicos como los elaborados con uvas Malbec y Bonarda.

En la actualidad, la imagen de la mujer ha adquirido otra dimensión en el Cono Sur, como en el resto del Planeta. Con ella retornó al presente con su nuevo significado. Gracias a las montañas y sus planicies. A la altura y sus tierras que recorren a kilómetros y kilómetros transformados en terciopelo en las bocas que le rinden tributo a la cultura más vieja del mundo: el vino.

Gracias a las acequias y el agua que baja siguiendo el sendero de la gravedad. Por eso sus habitantes son los especiales y escasos terrenales que refrescan la mirada en el líquido que refleja brillo del cielo.

Gracias a las vides y sus uvas Malbec y Bonarda evolucionadas en vinos hombres y vinos mujeres se difundió una misma familia descendiente del fuego interno de laTierra.

Parejas perfectas que desde el Cono Sur, desde Mendoza, desde San Martín, son las mejores embajadoras tintas que representan a la Argentina vinaria con cientos de bodegas que ya ensayan miradas distintas, que se han observado ensimismadas ante esas frutas hermosas agrupadas en racimos.

Hijas e hijos del fuego

Cuenta la historia que, en tiempos de la colonización, la avanzada española, luego de Cristóbal Colón, en su afán de conquistar todo a su paso, viajó buscando siempre el Sur, entusiasmados ante distintas leyendas.

La Ciudad de Oro de los indígenas oculta en el Amazonas, el Imperio de los Incas, y la tierra donde crecía la plata, fueron como imanes para quienes llegaron con distintos avances que en ese tiempo se caracterizó por el dominio de la fragua y el moldeado de metales. Además de armas traían el conocimiento de las herramientas con las cuales labrar la tierra y continuar, por ejemplo, con la red hídrica que habían desarrollado los nativos en lugares como en los que hoy se asienta Mendoza.

Fue la primera corriente colonizadora, al mando de Pedro de Valdivia, la que logró atravesar el duro desierto de Atacama, en el Norte de Chile, llegando hasta lo que es hoy Santiago. Desde allí cruzó la cordillera y conoció la virtud de la tierra que se movía y de vez en cuando escupía al cielo fuego, piedra, ceniza y derramaba lava, esparciendo nutrientes del Centro de la Tierra sobre una superficie que todavía se sigue autodefiniendo. Los indios ya sabían de ese poderoso espíritu y dudaron en compartirlo pero nunca de valorarlo.

Recreación de la imagen de la llegada de Pedro de Valdivia luego de Cruzar la Cordillera de los Andes.

El español quiso enseñarles la diferencia entre tener varios dioses y uno solo y para ello contó con la asistencia de los curas quienes para celebrar la misa primero tuvieron que elaborar vinos. Pero en el Cono Sur no habían vides para tales fines. Entonces las importaron desde el Viejo Continente. Las implantaron en la geología del fuego y, después de mucho tiempo, descubrieron que las vides que no aportaban allá, del otro lado del Atlántico, grandes vinos, aquí sí lo hicieron y nació la leyenda de los Vinos de Fuego.

Pedro de Valdivia creó el primer viñedo en Santiago -de Chile- y como la experiencia fue inconmesurable para la época se animó, levantó la primera copa con vino hecho sobre el Cinturón de Fuego -que nace en el Cono Sur y abraza a todo el Océano Pacífico- y armó otro en Mendoza. Fue para recibir, un par de años después, a Pedro del Castillo, con importantes cultivos como los viñedos sobre la cual desarrollar el pueblo, ese que es posterior al vino. Primero fue la vitivinicultura y gracias a ella se desarrollaron las poblaciones actuales.

La joven dama del vino argentino

Durante mucho tiempo la variedad Bonarda fue considerada en el Viejo Continente, especialmente en Italia, como una que no disponía de los suficientes atributos para gestar vinos nobles, de gran porte para el regocijo del alma humana.

Sí descubrieron, desde un principio, que era la compañera perfecta para darle un buen estilo a otros vinos que necesitaban redondear tanta robustez. Muchos machos cabríos hechos vino debieron ser domados con la joven Bonarda.

Con el tiempo, con empeño y distinguida visión, algunos hacedores se animaron, no hace tanto, a trabajar con la Bonarda en Argentina y descubrieron que la adaptación de esas cepas traídas siglos atrás desde el Viejo Continente habían evolucionado acompañando al pueblo que ya buscaba sucesos distintos.

Entonces llegó la hora en que, primero uno, luego otro y otro y otro más…, se animó. Y continuaron los descubrimientos y el mundo comenzó a reconocer esa nuevas formas de placer.

Y la civilización al pie de la Cordillera de los Andes redescubrió que con Bonarda se podía también deleitar a las mentes y los cuerpos de quienes bebían su vino, el vino mujer. Y la apuesta aumentó. A tal punto que en el departamento de General San Martín, en Mendoza, Argentina, se expandió su lugar en el Universo. Y se desarrolló hasta generar un movimiento que de a poco comenzó a saciar esa nueva búsqueda por lo nuevo.

Acción Bonarda

Durante el anochecer del viernes cinco de marzo, en la 12va. Edición de la Megadegustación de la Vendimia 2020, desembarcó por primera vez en la Ciudad de Mendoza la organización del Plan Bonarda, la gesta de la Municipalidad de General San Martín.

Unas 30 etiquetas se mostraron en familia representando a decenas de bodegas mendocinas en su mayoría oriundas del este mendocino. Hubo otras del mismo clan que provinieron desde la Primera Zona Vitivinícola y también desde el Valle de Uco y fueron representadas por sus mejores damas del vino argentino.

Esa primera noche las copas de Bonarda danzaron entre los degustadores locales, turistas del resto del país y también provenientes de países del Norte y hasta el Viejo Contiente. Ya en la segunda noche, el rumor se expandió y llegaron hasta el lugar cientos de amantes del vino preguntando por «el sector del Bonarda».

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Y fueron servidos, informados, sorprendidos y hasta seducidos por el equipo, en su mayoría mujeres, que el domingo se despide de la primera experiencia en la que, claro, están los grandes de la liga, donde la Bonarda, con su encanto, su aroma, su sabor y su color, no pasó desapercibida y recibió mucho, pero muchos elogios y compromisos de volver a ser requerida con sus vinos rojos, rubíes, rosados, algunos casi negros, frutados, aterciopelados y muy sonoros, al momento del brindis.

Antes del atardecer de la segunda noche en la Megadegustación, la joven Bonarda tuvo una especial difusión en el programa de radio Mr. Music, que se emite los viernes de 16 a 18 por Vorterix Mendoza.

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