El tiempo - Tutiempo.net

Cuando le rompieron un tobillo a Diego Maradona

Sep 23, 2020

Una aciaga noche de hace 37 años en el Camp Nou el tobillo izquierdo de Diego Armando Maradona estalló a raíz de una violenta entrada del vasco Andoni Goicoechea y pese a que se presumía una larga inactividad volvió a la cancha poco más de tres meses después: “Porque es un animal, un genio que no nació para ser explicado”, afirmó Fernando Signorini, el preparador físico que acompañó la rehabilitación del crack.

El 24 de septiembre de 1983 jugaban Barcelona y Athletic de Bilbao por la Copa del Rey, a los 14 minutos del segundo tiempo, cuando ganaban los catalanes por 2-0, Goicochea propinó a Maradona una patada que le causó la fractura del maléolo y la rotura del ligamento del tobillo izquierdo.

Maradona salió en camilla y muchos médicos especialistas no hesitaron en deducir que jamás volvería a ser el mismo, mientras que Goicoechea fue destinatario de un repudio generalizado y en algunos casos bautizado como “El Criminal”.

Consumada una delicada intervención quirúrgica a cargo del doctor González Adrió y supervisada por los médicos del Barcelona, se estimó que Maradona debería afrontar una inactividad no menor a los seis meses y con pronóstico reservado.

En esas circunstancias, Maradona acudió al prestigioso doctor Rubén Oliva y a Signorini, con el que había trabado amistad unos meses antes en la propia ciudad Condal.

“Lo había conocido en junio, iba a la casa a charlar de fútbol y como mi esposa jugaba al tenis, y era profesora en un club de Manuel Orantes, de vez en cuando nos juntábamos a jugar un dobles, con Claudia”, evocó Signorini en diálogo con Télam y subrayó lo que calificó como “un invento de Diego”.

“Claro, un invento de él, porque cuando el doctor Oliva se puso al frente de la rehabilitación y Diego comenzó a moverse de una manera más dinámica, tuvo esa idea descabellada. Digo descabellada porque el preparador personal en un deporte de equipo no existía. Hacía bastante, según me dijo, que pensaba en el tema, y como necesitaba cuidado más cercamos, tuve el honor de que me convocara a mí”, añadió el profesor Signorini y fundamento por qué razón califica a Maradona como “un animal, un genio”.

“La lesión era grave y lo dejaba en una situación de limitación muy marcada. Probamos con el kinesiólogo Aldo Divinsky, Aldo viajó, pero mucho no pudo hacer. Había una reducción muy importante. Entonces le sugerí que tenía que ver al mejor especialista de lesiones de tobillos. A través de la AFA se consiguió el contacto con el director de servicios médicos de la Federación de Futbol Americano de los Estados Unidos, que es el deporte donde se producen las lesiones más graves. Viajó con el doctor Raúl Madero y el hombre le dio el mismo diagnóstico. Le dijo que tenía que convivir con eso. Y así fue”.

Contra los pronósticos de calificados profesionales, Maradona volvió a jugar a los 106 días de sufrir la lesión, el 8 de enero de 1984 hizo dos de los tres goles del Barsa al Sevilla, luego una batalla campal contra el Athletic de Bilbao redundó en una sanción de tres meses y al cabo de 58 partidos con 38 goles en julio de ese año dejó el club blaugrana y pasó al Nápoli de Italia.

“Diego renació de las cenizas, como el Ave Fénix, por su condición de genio, de animal, y al mismo tiempo le debe mucho al doctor Oliva, que había decidido quitarle el yeso un mes y medio antes”, memoró Signorini.

“Ya en Nápoles fuimos a la cancha de un club, pusimos una barrera destartalada, pero que servía, y cuando Diego comenzaba a patear naturalmente tenía la imagen de lo que hacía anteriormente. ¿Qué pasaba? La pelota se iba al diablo. Entonces, obligado a modificar todo desde el punto de vista biomecánico, empezó a apoyar el pie de otra manera, a girar la cadera, los hombros el cuello, hasta que después de un mes, o mes y medio, volvió a meter la pelota donde quería”.

En tono afectuoso, con atisbos de humor, Signorini se preguntó qué hubiera sido de su travesía profesional si Goicoecha no habría lesionado a Maradona: “Muchos años después, estábamos cenando en el restaurante De María, de Madrid, César Menotti, Ángel Cappa y yo. Era invierno. De pronto se abrió la puerta y entraron dos tipos grandotes enfundados en unos tapados de cuero que chorreaban agua. Eran Goicochea y Juan Carlos Arteche. César lo había tenido en el Atlético de Madrid.

Nos pusimos de pie, nos presentaron y cuando le estreché la mano a Goicoechea, que era cuatro a veces más grande que la mía, le dije ‘no sabés el tiempo que estaba buscándote ando para agradecerte lo que hiciste por mí’. El Vasco no entendía nada, pero cuando le explicaron, nos reímos todos”.

Para cerrar, Signorini rubricó su admiración por Maradona: “Diego es uno de esos tipos que no nació para ser explicado. Son genios que nacieron para eso y en el lugar justo. Tal vez si hubiera nacido en Barrio Parque o en Recoleta, no habría sido lo mismo”.

Comentá la Noticia

comentarios

NOTICIAS MÁS LEÍDAS