El ingreso de un sistema frontal desde Chile, con nevadas previstas en la cordillera, coincide con un escenario de El Niño fuerte que puede favorecer las precipitaciones en los Andes centrales. Los especialistas advierten que la relación no es automática y que el fenómeno también plantea desafíos por las lluvias intensas, las crecidas y los aluviones durante la primavera y el verano.
El Niño en Mendoza vuelve a quedar bajo la lupa con el anuncio de un nuevo frente frío que ingresará desde el océano Pacífico a través de la cordillera de los Andes. El sistema meteorológico, que podría provocar nevadas en alta montaña y precipitaciones en distintos sectores de la provincia, llega en un momento en que los pronósticos climáticos anticipan una fase fuerte del fenómeno durante la primavera de 2026.
La coincidencia plantea una pregunta central: ¿las nevadas que se esperan en la cordillera están relacionadas con El Niño? La respuesta requiere distinguir entre el fenómeno climático de gran escala y los sistemas meteorológicos que determinan las condiciones de cada jornada.
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) informó en octubre que existe una probabilidad del 100% de que El Niño se mantenga durante el trimestre octubre-noviembre-diciembre de 2026, con perspectivas de intensificación. Este escenario modifica las probabilidades de determinadas condiciones climáticas, aunque no permite atribuir automáticamente cada frente frío, tormenta o nevada al fenómeno.
En Mendoza, la señal resulta especialmente relevante por la importancia de las precipitaciones cordilleranas para el funcionamiento de los ríos, la acumulación de nieve y la disponibilidad de agua durante los meses siguientes.

El Niño y las nevadas en la cordillera de Mendoza
Los especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA, dependiente del CONICET) identifican una relación entre los años El Niño y una mayor probabilidad de nevadas significativas en sectores de la cordillera central y sur de la Argentina.
Sin embargo, esa relación no implica que todos los episodios de nieve respondan al mismo mecanismo ni que cada año con El Niño tenga necesariamente una temporada excepcional.
El investigador Maximiliano Viale, del IANIGLA, explicó que existe evidencia de una mayor acumulación de nieve durante los inviernos asociados con El Niño en sectores de la cordillera central. También advirtió que la relación no es directa en todos los casos y que intervienen otros factores atmosféricos.
Entre ellos aparecen los llamados ríos atmosféricos, corredores que transportan grandes cantidades de vapor de agua desde el océano hacia el continente. Cuando esas masas de aire húmedo encuentran condiciones favorables y ascienden sobre la cordillera, pueden contribuir a precipitaciones intensas, que se presentan como lluvia o nieve según la temperatura y la altura.
Por eso, el frente frío anunciado desde el Pacífico debe analizarse a partir de su propia configuración meteorológica. La presencia de El Niño aporta un contexto climático relevante, pero no demuestra por sí sola que el fenómeno sea la causa directa de este episodio.

Un escenario de mayor atención para la primavera y el verano
La importancia de El Niño para Mendoza no se limita a la nieve. El Gobierno provincial trabaja sobre distintos escenarios climáticos para la temporada 2026-2027, con medidas de prevención ante la posibilidad de precipitaciones intensas y fenómenos hidrometeorológicos extremos.
El plan interinstitucional elaborado por AEMSA contempla como escenario central un El Niño fuerte y también considera la posibilidad de una evolución hacia condiciones de mayor intensidad. Entre los riesgos que requieren seguimiento figuran las tormentas convectivas, el granizo, las crecidas de ríos cordilleranos y los aluviones en el piedemonte.
El Gran Mendoza, el Valle de Uco, San Rafael, la cordillera y distintos sectores del Este provincial forman parte de las áreas que necesitan atención ante posibles episodios de inestabilidad.
La perspectiva climática no significa que todas esas zonas vayan a sufrir inundaciones o tormentas severas. Indica que resulta necesario prepararse frente a una mayor probabilidad de determinados fenómenos y mejorar la capacidad de anticipación y respuesta.
En ese contexto, el Gobierno provincial impulsa la integración de información meteorológica, hidrológica y territorial para fortalecer un sistema de alerta temprana. La coordinación entre AEMSA, los organismos hídricos, Defensa Civil y los municipios busca mejorar el seguimiento de las condiciones y la comunicación de riesgos a la población.

Más nieve también puede significar más agua disponible
La posible acumulación de nieve en la cordillera tiene una importancia estratégica para Mendoza. En una provincia árida, los ríos alimentados por el deshielo constituyen una fuente esencial para el abastecimiento de agua, el riego agrícola y distintas actividades económicas.
Una temporada con precipitaciones nivales abundantes puede favorecer la recuperación de reservas hídricas y mejorar la disponibilidad de agua durante los meses de deshielo. Sin embargo, el beneficio depende de cuánto nieve se acumule, de su distribución geográfica, de las temperaturas y de cómo evolucione el proceso de fusión.
Tampoco debe confundirse una nevada puntual con una recuperación asegurada de los caudales. Para evaluar ese impacto es necesario observar la acumulación de nieve durante toda la temporada y los informes hidrológicos correspondientes.
El escenario de El Niño presenta, por lo tanto, dos dimensiones para Mendoza: la posibilidad de contar con mayores aportes de agua y la necesidad de prevenir los daños que pueden provocar las precipitaciones intensas.
Qué se puede afirmar sobre el nuevo frente frío
El sistema que llega desde el Pacífico se inscribe en una primavera caracterizada por la presencia de El Niño y por una perspectiva climática favorable a mayores precipitaciones en sectores cordilleranos. Esa coincidencia justifica analizar ambos fenómenos en conjunto, pero no permite afirmar que El Niño haya originado específicamente el frente frío anunciado.
La diferencia es importante para interpretar correctamente los pronósticos. El Niño describe una condición climática de escala regional y global; el frente frío es un sistema meteorológico concreto cuya evolución determina dónde, cuándo y con qué intensidad se producen las precipitaciones.
Para conocer el impacto del episodio actual será necesario seguir los pronósticos de corto plazo, los informes de los organismos meteorológicos y la evolución de las condiciones en alta montaña.
La principal señal para Mendoza es que la primavera y el verano de 2026-2027 requieren una planificación que contemple tanto la oportunidad de mejorar las reservas de agua como los riesgos asociados con las lluvias, las tormentas y las crecidas. El Niño no determina por sí solo lo que ocurrirá, pero constituye una referencia climática importante para anticiparse.