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Los que lucran con la pobreza

Jun 13, 2020

El Papa Francisco dijo hoy que la pandemia de coronavirus ha desafiado muchas suposiciones porque «nos sentimos más pobres y menos autosuficientes porque hemos percibido nuestras limitaciones y la restricción de nuestra libertad», y fustigó a quienes «se llenan los bolsillos» y no se conmueven con la pobreza, en un mensaje para el 4º Día Mundial de los Pobres.

La pérdida de empleos junto con la oportunidad de pasar más tiempo con sus seres queridos «de repente nos abrió los ojos a los horizontes que hemos dado por sentado desde hace mucho tiempo», y que el período de encierro permitió a muchos redescubrir «la importancia de la simplicidad y de mantener nuestros ojos fijos en lo esencial », agregó el pontífice.

La pandemia «nos ha hecho más conscientes de la presencia de los pobres en nuestro medio y de su necesidad de ayuda», y que su repentina llegada provocó «una poderosa sensación de desconcierto e impotencia» que también demostró «Nuestra propia necesidad de una mano extendida».

En este sentido, Francisco denunció en su mensaje a quienes «tienen las manos en los bolsillos y no se dejan conmover por la pobreza», de «la que a menudo son también cómplices», como los vendedores de armas, los especuladores y corruptos, según consignan las agencias de noticias EFE, ANSA y Europa Press.

«La indiferencia y el cinismo son su alimento diario», agregó el titular de la iglesia católica con motivo del día mundial de los pobres.

El pontífice incluyó entre sus críticas a quienes «con el teclado de una computadora mueven sumas de dinero de una parte del mundo a otra, decretando la riqueza de oligarquías y la miseria de multitudes o el fracaso de naciones enteras».

«A quienes para acumular dinero con la venta de armas que otras manos, incluso de niños, usarán para sembrar muerte y pobreza» o venden «dosis de muerte» para «enriquecerse y vivir en el lujo y el desenfreno efímero» o a los que «intercambian favores ilegales por ganancias», agregó.

El papa lamentó en este sentido que se haya desarrollado «una globalización de la indiferencia» en la que «nos volvemos incapaces de compadecernos», ya «no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos», precisó.

Recordó su grey, en este sentido, «que la oración a Dios y la solidaridad con los pobres y los que sufren son inseparables» y que «para celebrar un culto que sea agradable al Señor, es necesario reconocer que toda persona, incluso la más indigente y despreciada, lleva impresa en sí la imagen de Dios».

Un católico, aseveró el pontífice, no puede «sentirse bien» si «un miembro de la familia humana es dejado al margen y se convierte en una sombra».

Valoró no obstante que en medio del «dolor y muerte, desaliento y deconcierto» que ha traído la pandemia de coronavirus se ha podido apreciar la solidaridad de tantas personas, entre los que citó a los médicos, enfermeras, farmacéuticos, sacerdotes y voluntarios y todos quienes han tendido la mano.

«Todas estas manos han desafiado el contagio y el miedo para dar apoyo y consuelo», añadió.

Y señaló que en esa situación, «encerrados en el silencio de nuestros hogares» se «ha redescubierto la importancia de la sencillez y de mantener la mirada fija en lo esencial».

Agregó que «este es un tiempo favorable para «volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo».

Como conclusión, el papa aseveró que «las graves crisis económicas, financieras y políticas no cesarán mientras permitamos que la responsabilidad que cada uno debe sentir hacia al prójimo y hacia cada persona permanezca aletargada».

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