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Oncología: un botón de muestra de las irregularidades en Mendoza

Sep 21, 2020

Por CARLOS FERNÁNDEZ / En octubre de 2019 publiqué la siguiente nota luego de una larga investigación en la que le consulté al Ministerio de Salud de Mendoza sobre lo que estaba sucediendo con los pacientes oncológicos.

Hoy, lejos de recibir una respuesta, después de tanto tiempo, recuerdo sobre la necesidad de informar a la ciudadanía que con sus impuestos sostienen al sistema de salud público de Mendoza.

En el Día de la Primavera 2020 celebro a la mayoría de la ciudadanía no corrupta que sigue buscando la verdad entre las piedras secas que no alcanzan el agua en #Mendoza. La verdad será revelada inexorablemente!!!

Oncología: cómo ser empleado y proveedor de la salud pública mendocina

Octubre de 2019, Mendoza, Argentina:

El sistema de atención médica para pacientes oncológicos en Mendoza es uno de los más desarrollados del país y al mismo tiempo donde se observan algunas situaciones que tratan de no llamar la atención respecto al cruzamiento de profesionales que se desempeñan tanto en cargos públicos como en privados. 

Son los casos de algunos jefes de servicios públicos de oncología que también toman decisiones en emprendimientos privados –semiprivados o mixtos- y que por los horarios que dicen ocupar para sus compromisos resulta muy difícil cumplir en la práctica diaria. 

Especialmente algunos protagonistas de la trama levantan la mano disimuladamente cuando se conoce que el mismo Estado posee recursos para trabajos como la preparación de medicamentos para aquellos pacientes que no poseen cobertura social en Mendoza.  

En la jerga médica dicha “preparación” es citada como “mezclas”. Y para ello es necesario contar con tecnología adecuada: una campana de flujo laminar, un área de seguridad, para evitar la contaminación que producen los medicamentos a quienes los manipulan, con técnicos capacitados y con un programa de seguimiento de las drogas importadas que en su conjunto valen muchos, pero muchos millones. 

Aunque pocos de los profesionales consultados miran, diríamos, casi con naturalidad que un jefe de servicio de un hospital público también dirija un emprendimiento donde hay intereses privados, llama la atención que el Estado no utilice esos recursos y en cambio tercerice trabajos a favor de particulares que también tienen cargos en la misma salud pública. 

Las sorpresas pueden conocerse al analizar lo que hacen algunos profesionales que trabajan tanto en el sector público como en el privado, casi en los mismos horarios, e influyendo en la dinámica de un sistema público que está dependiendo cada vez más de uno privado donde los principales actores son los mismos, a uno y otro lado del charco.  

Pero no todo es sombrío, ya que en la siguiente investigación -que puede resultar algo compleja-, hay un crisol: el Hospital Notti, que no casualmente es la comprobación de que el Estado está en condiciones de ejercer su autonomía para la atención oncológica provincial. 

En el siguiente trabajo se verá que son tres los protagonistas principales: Adolfo Capó, Jorge Ibarra y Mauricio Fernández Lázzaro, tres de los oncógolos que en Mendoza conforman el acotado grupo de 37 profesionales médicos especializados, incluyendo el banco pediátrico. 

Adolfo Capó: actualmente titular del Programa Oncológico Provincial (POP) y asesor de proyectos de la Fundación Centro Oncológico de Integración Regional (COIR). Durante 2017 y 2018 fue el jefe del servicio de oncología del Hospital Central. 

Jorge Ibarra: actualmente director médico de COIR y jefe del servicio de oncología del Hospital Lagomaggiore. También trabaja en distintos emprendimientos privados como en el Hospital Italiano y en FYGO Fertilidad y Ginecoobstetricia de San Martín, Mendoza. 

Mauricio Fernández Lázzaro: auditor del Programa Oncológico Provincial (POP), médico de COIR, oncólogo en el Hospital Scaravelli, director médico de la Liga de Lucha contra el Cánder Valle de Uco e integrante del plantel médico de emprendimientos como CETEU Urología Mendoza. 

Los tres oncólogos trabajan en el Estado mendocino y también para COIR, organización a cargo de la preparación de todos los medicamentos oncológicos que insume el servicio de salud pública de Mendoza para pacientes sin cobertura social. 

Notti, el único hospital público con autonomía total para pacientes oncológicos 

El Hospital Humberto Notti actualmente se erige como el único nosocomio mendocino de atención pública con autonomía total para la atención de sus pacientes oncológicos frente al actual plan de la Fundación Centro Oncológico de Integración Regional (COIR). Para quien no lo sepa, el Notti es un hospital mendocino exclusivamente para niñas y niños. 

El estado del hospital pediátrico de referencia regional en el departamento de Guaymallén, Mendoza, ha sido confirmado por su actual director, Jorge Pérez, quien además anticipó “el plan maestro que tiene el Notti” para ampliar y reafirmar su actual estado de absoluta autonomía en el servicio que presta en el área de la oncología argentina. 

Mediante el Decreto 931/17, la Fundación COIR transita la etapa de experimentación luego de haberse ungido como el único centro de mezclas de medicamentos para tratamientos contra el cáncer para el resto de los hospitales públicos de Mendoza. 

Con distintos criterios, los directores de los hospitales consultados –menos el del Notti- confirmaron haber aceptado el modelo y que hoy está afinando una delicada logística de distribución de los medicamentos preparados -como un traje a medida- para cada uno de los pacientes en tratamiento de quimioterapia en los hospitales Central, Lagomaggiore, Perrupato e indirectamente en el Scaravelli, que los deriva a la Liga Mendocina de Lucha Contra el Cáncer del Valle de Uco, en Tunuyán.  

El Scaravelli es el único de este grupo que no posee servicio de oncología aunque cuenta con una unidad “en la que únicamente se diagnostica”, según Carmelo Fazio, director. 

“En el campo de la oncología la clave es la detección temprana, como sucede con todos los tipos de tumores. Para nosotros es muy importante la autonomía, como en todo hospital descentralizado donde podemos tomar nuestras propias decisiones y administrar nuestros propios recursos. A nosotros la autonomía nos favorece, sobre todo cuando consideramos los tiempos de los tratamientos que son fundamentales. Sobre todo en la oncología”, explicó el director del Notti, especialista en tumores de colon. 

Pérez citó la ventaja de atender a pacientes no mutualizados: “Es mucho más sencilla la atención. Con las prepagas es más engorroso, se demora más el tratamiento. Se complican los tiempos terapéuticos. La resonancia se tiene que hacer en tiempo y forma”, enfatizó. 

Sobre la importancia de ser autónomos, Pérez, valoró el hecho de “contar con la disponibilidad –de recursos propios- sin tener que cumplir con la barrera tan engorrosa que significa cumplir con lo administrativo y sobre todo en estos servicios que son críticos como es el oncológico, donde el tiempo es fundamental”, remarcó. 

“Cuando yo llegué aquí -al Notti- tenía algunos planteos referidos a los tiempos óptimos terapéuticos”, admitió. “Nosotros queremos poner nuestras propias reglas del juego. Queremos aceptar a un paciente pero con nuestras reglas. La resonancia o la provisión del medicamento se tiene que hacer en tiempo y forma”, insistió.      

El hospital pediátrico posee un Centro de Mezclas (CeMe) que es una sección perteneciente al servicio de farmacia y que está conformado por dos áreas: el laboratorio de preparación de –mezclas- estériles y el de preparaciones no estériles. En el primero es donde se preparan los medicamentos para combatir distintos tipos de cánceres.  

El objetivo del CeMe es la preparación y fraccionamiento de medicamentos para pacientes del mismo nosocomio “y eventualmente para otras instituciones”, informó Pérez. De la misma forma en la que hoy ha avanzado COIR que es “una fundación de derecho privado”, como la definió Adolfo Capó, asesor de proyectos del emprendimiento de calle Montecaseros 1.020 en la Ciudad de Mendoza. 

“El servicio de oncología siempre lo ha tenido el hospital de niños, desde 1988, antes de que fuera el Notti. Ya ha cumplido 26 años. Su fundadora fue la doctora Marchesqui”, contó orgullosa Edith Casas, actual jefa del servicio quien lidera a un equipo de “cinco profesionales de la oncología pediátrica en actividad”.  

Casas confirmó que la preparación de la medicación oncológica “se realiza en el centro de mezclas, en la farmacia, en la campana –de flujo laminar- en un área de seguridad, que cuando se rompe acudimos al COIR”, manifestó. Y agregó: “Nuestra autonomía está garantizada porque nuestras mezclas son realizadas por nuestros propios técnicos y no tenemos que depender de un eventual traslado de la medicación. Aquí el tiempo apremia. Al seguir los protocolos establecidos hay más esperanza de cura”. 

El laboratorio de preparaciones estériles “arma aproximadamente 450 tratamientos por mes. Cuenta con la tecnología y el equipamiento necesario para cumplir con los requisitos de la Farmacopea Argentina VII Edición. Está compuesto por cinco áreas de contaminación controlada certificadas bajo normas ISO 14644-1″, introdujo Jorge Pérez. 

“Posee una unidad de tratamiento de aire exclusiva para el laboratorio, la cual controla de forma automatizada la presión, temperatura y humedad ambientales, mediante una microcomputadora, registrando valores cada 15 minutos. Se realiza el monitoreo microbiológico ambiental en forma diaria para asegurar cumplir con los estándares prefijados.”, completó Pérez. 

El funcionamiento del CeMe le permite al Notti obtener preparaciones “de óptima calidad y seguridad y lograr economía de escala que colabora con la racionalización en el uso de los medicamentos”, defendió. 

Pérez añadió que el sistema “permite mantener circuitos diseñados para el trabajo en áreas de contaminación controlada. También garantizar la seguridad laboral para el personal en contacto con medicamentos peligrosos con lo son los citostáticos. Además, resolver el problema del tratamiento de pacientes pediátricos para los cuales no existen presentaciones comerciales adecuadas” y “asegurar la trazabilidad de los insumos utilizados mediante procesos detallados de registros y un sistema de seguridad informática y protección de datos a través de la guarda de copias de toda la información electrónica generada en el sector en un servidor predestinado. También se guarda toda la documentación generada en papel”, indicó. 

“Para todo esto y dado lo crítico de la tarea que se realiza se cuenta con un equipo de gente especializada y exclusiva del sector, adecuadamente entrenada para las tareas que se llevan a cabo”, apuntó. 

Adicional a la preparación, fraccionamiento y mezcla de medicamentos oncológicos el Notti realiza un seguimiento de pacientes en cuanto al monitoreo de reacciones adversas e interacción de medicamentos: “Esto cobra radical importancia en el tratamiento de pacientes críticos, por aumentar los niveles de seguridad y éxito de los tratamientos, mediante concentración de esfuerzos desde el abordaje interdisciplinario”, explicó Pérez.  

Entre otras prestaciones también cuenta con “la notificación de fallas de calidad y reacciones adversas a medicamentos e insumos descartables mediante la participación en el Programa Nacional de Farmacovigilancia y Tecnovigilancia, guarda de medicamentos en consignación provenientes de obras sociales y del Programa Oncológico Provincial y participación en ensayos clínicos”, cerró. 

Sistema público de atención oncológica de Mendoza 

Mendoza posee el Programa Oncológico Provincial (POP) creado por la ley 5.579 y su reglamentación, de 1990, que contempla la cobertura para toda la población sin obra social, sea argentino o extranjero, y el acceso del paciente no sólo a medicamentos sino también a otros servicios complementarios de alta tecnología. 

Acceso al POP, en calle San Juan 813 en la Ciudad de Mendoza.

El POP está a cargo de Adolfo Capó desde el último año de gestión de Francisco “Paco” Pérez como gobernador de Mendoza. “Capó llegó al POP por mérito propio”, aclaró el exgobernador justicialista ante la consulta de si había sido elegido directamente por el entonces ministro de Salud, Matías Roby. 

Durante 2017 y 2018 Capó además fue jefe del servicio de oncología en el Hospital Central, cargo que debió dejar ante las exigencias horarias en el POP y en el COIR, donde es asesor de proyectos y muy cercano a su director médico Jorge Ibarra. Además de dirigir al COIR, Ibarra es jefe de servicio de oncología del Hospital Lagomaggiore -que dirige Mario Bustos- y del Hospital Italiano. 

¿TAL VEZ TE INTERESE?  En el Scaravelli “estamos atendiendo a más de 100 personas por día”

En el POP quien audita directamente la entrega de medicación -sin preparar- oncológica a pedido de los pacientes que ingresan al sistema público -a través de los hospitales- es Mauricio Fernández Lázzaro. Este facultativo además de formar parte del equipo de COIR, atiende en CETEU Urología de calle Garibaldi 216 en la Ciudad de Mendoza, es el Director Médico en la Liga de Lucha contra el Cáncer Valle de Uco localizada en Tunuyán y presta servicios en el Hospital Scaravelli del mismo departamento. 

En el Hospital Central de la Ciudad de Mendoza, que dirige Ariel Herrera, la jefatura de oncología está a cargo -desde que la dejó Capó en noviembre de 2018- Miriam Rogel, quien trabaja en ese nosocomio desde 2004. 

En el Hospital Alfredo Perrupato, que dirige Omar Dengra, el jefe del servicio de oncología es Eduardo Tamariz Medina, desde que fue inaugurado en agosto de 2018. 

De todos los hospitales mencionados –sin considerar el Notti- el único que cuenta con el servicio de campana de flujo laminar –necesaria para mezclar, por ejemplo, medicación oncológica- es el Central. Herrera confirmó que cuenta “con cinco campanas”, ninguna de ellas destinada a la mezcla de los medicamentos en cuestión. Antes de servir para mezclas, el principal fin de una campana es el de esterilizar. 

Lugar donde atiende a los pacientes Fernández Lázzaro en Tunuyán.

El servicio de la Liga de la Lucha Contra el Cáncer del Valle de Uco, localizada en calle Colón 735, en Tunuyán, cuenta con una campana de flujo laminar en la que se mezcla la medicación oncológica y es donde van derivados los pacientes con cáncer diagnosticados en el Scaravelli que está a tres cuadras. Comenzó a trabajar en 1999 y su actual presidenta es Margarita Darder de Berlanga, pero desde 2013 funciona en el actual edificio construido sobre el terreno que fue adquirido vía donación. Sus casi 600 pacientes –algunos provenientes de San Rafael- son atendidos por los profesionales de COIR: Mauricio Fernández Lázzaro y Romina Prinsipe. 

El Hospital Antonio J. Scaravelli de Tunuyán, cuyo director es Carmelo Fazio, posee un área de oncología, actualmente a cargo de Javier García. “Fernández Lázzaro trabaja como médico consultor”, aclaró Fazio. 

Carmelo Fazio, director del Scaravelli, en la flamante unidad de la Fundación Escuela Medicina Nuclear (FUESMEN) en el nosocomio de Tunuyán, Mendoza.

La Fundación COIR fue creada en 1999 por la Liga Mendocina de Lucha contra el Cáncer (LIMCEC) y la Fundación Escuela de Medicina Nuclear (FUESMEN). Como definió Capó, “es una fundación de derecho privado” y está integrada por la LIMCEC, la UNCuyo, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CONEA) y el Gobierno de Mendoza.  

Ingreso al COIR por calle Montevideo. Al fondo, el Hospital Central de Mendoza.

El circuito del medicamento en manos del POP 

No es una novedad que los medicamentos oncológicos tienen precios muy elevados en Argentina. Por ser importados, la mayoría de ellos cuestan entre 100 mil y 600 mil pesos. Algunos de ellos bastante más. Están diseñados a base de drogas con lo que se conoce como biodisponibilidad limitada. O lo que es lo mismo, con una vida útil limitada, más aún cuando un envase se abre para elaborar una mezcla de quimioterapia y el sobrante solo puede resistir días o a veces horas, dependiendo de las condiciones de mantenimiento.  

En Mendoza los pacientes que no poseen cobertura médica ingresan al POP que a su vez depende del programa de Cobertura Universal de Salud (CUS) a nivel nacional. El POP trabaja según un modelo de gestión del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y actualmente cumple con la ley de trazabilidad aprobada por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT). 

Durante 2014 y 2015 fueron detectados dos problemas de condición sanitaria. Por un lado el paciente era el gestor de su medicación y por el otro era el depositario. Se llevaba los remedios a su casa que en muchos casos tenían un costo de más de un millón de pesos y en ese momento la traza –o seguimiento- de la medicación entraba en un punto ciego. La primera acción fue que el paciente no llevara la receta y el POP enviara la medicación a las farmacias de los hospitales. Entonces se recuperó la trazabilidad y, por ejemplo, si el paciente X faltaba a su tratamiento se debía recuperar la medicación. “En 2018 eso significó la recuperación de unos tres millones de pesos”, recordó Capó. Tres millones es lo que costaría hoy un tratamiento oncológico. 

Adolfo Capó, en la sala de reuniones del COIR.

Para que la medicación sea preparada “se debe contar con la tecnología adecuada y con los lugares adecuados. Se necesita seguridad, con una instalación cara, en términos de que sea usada. Tiene que haber un volumen de pacientes y técnicos con adecuados conocimientos. Yo fui el creador del servicio de oncología del Central, aproximadamente en 1987. El diseño del COIR lo hice yo hace 20 años”, manifestó el jefe del POP. 

En resumen y como botón de muestra, para un paciente ingresado al sistema desde el Scaravelli, desde la Liga de la Lucha Contra el Cáncer del Valle de Uco se solicita al POP la medicación para su tratamiento de quimioterapia. En este caso la pide Fernández Lázzaro, quien es la misma persona que la autoriza en el POP.  

Otro ejemplo: para un paciente ingresado al sistema desde el Lagomaggiore, las drogas las solicita Ibarra, Lázzaro la aprueba, son enviadas al COIR para ser mezcladas, donde el mismo Ibarra es el director médico. El remanente queda en el COIR y la medicación llega a la farmacia del Lagomaggiore donde le será suministrada al paciente en el servicio de oncología. 

En el caso del Notti, la medicación es solicitada al POP y, una vez auditado el pedido, es enviada a la farmacia del hospital de niños donde es preparada -mezclada- y finalmente suministrada al paciente. 

Los criterios de los directores de hospitales 

Los argumentos de quienes administran los nosocomios públicos que reciben y pagan el servicio provisto por el COIR son distintos. La distancia es uno de ellos, la especialización es otro, también la experiencia técnico médica, el costo de contar con un centro de mezclas propio, la inversión en recursos humanos o el volumen de pacientes, entre otros, son los detalles esgrimidos ante la aceptación del sistema de concentración de elaboración de fórmulas. 

  • Ariel Herrera, del Central, explicó que aunque una de las campanas que administra estuviera en condiciones para la mezcla de medicación oncológica igualmente optaría por el COIR: “El Notti necesitaría movilidad. Siempre se cree que la única inversión es en el equipamiento. La verdadera inversión es en el costo operativo. Tener dos o tres personas –para mezclar- me eleva el costo. Nosotros tenemos volumen –de pacientes- y cercanía. Teniendo el COIR acá a la vuelta no se justifica. El COIR le sale al Central unos 60 mil pesos mensuales. Un solo técnico costaría esa cifra por mes. Hay especialidades que se tienen que centralizar. Hay otros procedimientos que descentralizar como lo es la atención primaria. La agenda no nos la dicta la gente. Tenemos que actuar para la gente con cosas que no brillan. El COIR es económico y especializado. Además nosotros tenemos una pertenencia indirecta con el COIR. No es que es un privado, privado”, justificó Herrera, quien además es parte del directorio de la FUESMEN.  
Ariel Herrera, en su oficina en el sexto piso del Hospital Central de Mendoza.
  • Herrera además enfrentó la discusión respecto a una campana de flujo laminar que fue donada al Central en 2014 y que nunca fue utilizada para la preparación de medicamentos oncológicos. Según recordó el mismo Capó, “…esa campana la conseguí yo”. Consultada Rogel por el paradero de la campana, la actual jefa del servicio del Central dijo que “no está la infraestructura con una cabina de ambientes con presiones negativas”. La mencionada infraestructura existe desde 2015 en el segundo piso del Central frente a la Sala 207. Sin embargo, la discusión trató de zanjarla Herrera: “La campana no sirve, nunca funcionó. La evaluó una empresa que realizó ensayos de certificación según la norma NFS49/2017. La empresa es ZWEI Ingeniería. No cumple con criterios de velocidad, no garantiza la seguridad del operario, muestra y medioambiente”. Consultada ZWEI por escrito, la empresa, con sede en Buenos Aires, respondió que necesitaba la autorización del Central para compartir el informe. 
Imagen de la campana de flujo laminar que evaluó ZWEI. Cortesía de Ariel Herrera.
  • Por su parte Mario Bustos, director del Lagomaggiore, marcó: “Yo hago lo que me dicen desde el ministerio”. Esto lo declaró durante la mañana del jueves 10 de octubre y a casi a un mes de la primera entrevista periodística concretada el 9 de setiembre pasadas las 11. La primera vez que Bustos fue requerido se enteró que Ibarra además de ser el jefe de oncología del nosocomio que dirige es también el director del COIR. Unos 29 días antes, el lunes 9, respecto al proyecto para que la farmacia del Lagomaggiore tenga su propia campana para mezclas -del que aún se habla en el servicio de oncología- Mario Bustos contestó: “Tengo entendido que todas las preparaciones las va a hacer el COIR, que allí se van a centralizar todas las preparaciones”. En esa entrevista además participó el subdirector asistencial, Jorge Peralta e Ibarra, vía telefónica -a través del sistema de manos libres del móvil de Bustos-. Ibarra explicó que el centro de mezclas del COIR era necesario «para sacar al paciente del circuito del medicamento”. Situación ya que estaba subsanada al menos desde 2017 según declaró Capó al ser entrevistado en el mismo COIR, no en el POP. En dicha conversación fue que Ibarra confirmó ante la sorpresa de Bustos: “Sí, soy el director médico”, del COIR.  
Mario Bustos, director médico del Hospital Lagomaggiore de Mendoza.
  • Jorge Ibarra, ni el 9 de setiembre, ni el 10 de octubre, minutos después de las 11, estaba en el Hospital Lagomaggiore. Tampoco el viernes 11 de octubre ya que debió presidir, desde las 12, la reunión informativa sobre la operatividad del centro de mezclas del COIR a la que asistieron referentes hospitalarios de los nosocomios afectados. 
Servicio de oncología del Hospital Lagomaggiore.
  • Omar Dengra, director del Hospital Perrupato, admitió que hace tiempo está evaluando la posibilidad de que la farmacia posea su propio centro de mezclas. Habló de la necesidad de adaptar un sector del hospital para tal fin: “Hemos estado estudiando el tema. Hablamos con la arquitecta y hemos hecho un cálculo de lo que tendríamos que hacer, para tener una manga de seguridad a través de la cual se movilicen las preparaciones. El primer cálculo nos arrojaría una inversión de unos 12 millones. Por el momento vamos a trabajar con el COIR. A mí me han asegurado que los medicamentos los tendremos aquí en tiempo y en forma”, se esperanzó el facultativo. 

Distancias que cubren los medicamentos oncológicos 

Una de las preocupaciones de los involucrados en el mentado centro único de preparación del COIR es la trazabilidad de los preparados y la logística para que sean trasladados desde la calle Montevideo de Ciudad hasta los efectores donde serán recibidos por los pacientes. Dicho traslado es considerado por la ANMAT con varios puntos a tener en cuenta que no pueden ser obviados, como por ejemplo: “Cuando se trate del traslado de productos que requieran cadena de frío, siempre deberán verificarse las condiciones de temperatura en que son entregados (en algunos casos los medicamentos cuentan con sensor de temperatura). Esta recomendación es especialmente importante cuando se trata de vacunas o drogas oncológicas”. 

Las distancias entre el COIR y los hospitales son las siguientes: 

  • Al Notti: 3,3 kilómetros.  
  • Al Lagomaggiore: 5,7 kilómetros. 
  • Al Perrupato: 42,4 kilómetros. 
  • Al Scaravelli: 81,4 kilómetros. 
  • Al Central: 23 metros. 

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