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Parientes del vino

Ago 3, 2020

El vino, la debida – alimento que desde siempre acompaña al hombre sobre la Tierra, ha venido produciendo desde antaño algunos productos que son verdaderos parientes.

Es que, el vino, como sana e inteligente forma de vida evolucionada, también ha sabido producir hijos, primos y sobrinos. Los que hoy la humanidad disfruta sin saber sobre el verdadero origen de lo que se llevan cada tanto a la boca. Es el caso del espumoso o espumante, el Fernet y hasta el mismo vermut o vermú

El espumante 

Parientes del vino

Si bien la industria original que nació en el Mundo a partir del vino es la enológica propiamente dicha, otra, nacida en tierras galas, exactamente en Champagne, Francia, es la del vino espumoso o espumante.

Lo que en Argentina es mal conocido por su verdadera Denominación de Origen: champagne. O champaña de forma tramposa.

El primero que tuvo la idea concreta dentro de una botella de “Champagne” parece haber sido Dom Perignon. Monje benedictino, cantinero de la abadía de Hautvillers, en el año de gracia 1618.

Dom Perignon fue también el inventor o el redescubridor (desde el momento en que los Romanos lo conocían ya), del tapón de corcho.

El Champagne, vino blanco, finísimo, límpido y espumoso, obtenido con el mosto de uvas negras y blancas, fue introducido en la corte de Luis XIV, por el duque de Vendome.

Luis XIV.

En la corte encontró una aceptación que en breve tiempo fue incondicionada. A tal punto que Luis XIV quiso rendirle honores y homenaje bebiéndolo en un nuevo tipo de vaso. Modelado sobre el caldo del hermoso pecho de Madamme de Pompadur, según se dice.

La principal característica de este vino es la espuma que se forma al destapar la botella, según los enólogos, “por reducción”.

La espuma se produce gracias al anhídrido carbónico disuelto en el vino. Y producido, de forma natural, por un proceso fermentativo del vino en la misma botella, “método Champenoise”.

O en tanques, cuando se produce en forma industrial, “método Charmat”. 

Parientes del vino

El vino después se purifica mediante complejas operaciones que permiten extraer del recipiente los residuos sólidos de la fermentación sin remover el líquido.

El método fue introducido en Italia, en su Piemonte hacia la mitad del siglo XIX. Y muy pronto se aplicó a un vino local muy fino, dulce, conocido y apreciado desde hace tiempo.

Según la historia, “un capitán español que se encontraba en Canelli en 1616 definió a éste vino muscalle (muy delicado)”.

Después se descubrió que este vino podía obtenerse también haciéndolo fermentar en grandes recipientes herméticamente cerrados.

A la modificación, tal vez, del método original también gocen de cierto éxito la industria italiana de los vinos espumosos. Sobre todo los del Piemonte, que produce decenas de millones de botellas de spumante anualmente. 

Familiares cercanos 

Parientes del vino

Bajo el convencimiento de que llamamos “vino” al producto vivo obtenido de la fermentación de las uvas maduras y sanas, es que consideramos como parientes las siguientes bebidas que, en más o en menos, están relacionadas con la cultura más placentera del mundo. 

El Marsala 

Curiosa suerte la de los ingleses, que siendo habitantes de un país no productor de vino, fundaron dos industrias enológicas: la del Coñac y la del Marsala.

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En gran medida, dieron mucho impulso a la producción de Jerez, Porto y Madera, valorizando los vinos de Burdeos, Francia.

El Marsala nació en 1773, casualmente, por haber añadido dos litros de alcohol a cien litros de vino de la zona de Marsala, al Sur de Italia, con el fin. Quizás de que resistiera mejor el viaje hacia Inglaterra.

El favor que encontró este vino llevó a Sicilia muchos capitales ingleses que permitieron la plantación de viñedos más racionales. Estudiados y donde se aplicaron métodos tecnológicos más adecuados. Impulsando la introducción comercial de Marsala en los mercados extranjeros. 

Oporto y Marsala, dos ciudades, dos vinos.

Método clásico 

Añadir al vino local entre un 3 o un 9 por ciento de mosto concentrado en caliente hasta obtener una consistencia casi gelatinosa, llamada “cotto”, también mosto alcoholizado entre 20° y 25° -llamado sifón- en la medida de un 5 a un 7 por ciento. Y finalmente, de un poco de alcohol, hasta lograr una graduación del producto acabado entre un 17° y un 18°, que es cuando se desarrolla todo el perfume del Marsala. Muchos años de envejecimiento en barriles de roble harán de éste un vino perfecto. 

El Vermut 

Típicamente italiana, más precisamente piemontesa, es la industria del Vermut. Un producto que representa hace tiempo la evolución moderna de una tradición europea heredada de los romanos.

En Turín, Italia, punto de reunión de los gustos italianos y franceses, halló su ambiente donde definió su personalidad.

Su producción industrial empezó en el segundo cuarto del siglo XIX.

Su nombre surcó por primera vez los mares en 1834, siendo actualmente un clásico y conocido aperitivo de todo el mundo occidental.

El Vermut se prepara con vino blanco, aumentando su perfume con una variedad de infusiones de hierbas aromáticas, maderas y raíces perfumadas o amargas y confiriéndole un contenido alcohólico variable, entre los 16° y los 18°.

Se añade azúcar a los tipos dulces y se colorean con azúcar quemado los rojos.

El casi perfecto amalgama de gustos y perfumes de las hierbas con los del vino se obtiene sometiendo el Vermut a la acción prolongada del frío en grandes cámaras frigoríficas y a la del calor en enotermos, consiguiéndose al mismo tiempo un efecto pasteurizante que estabiliza biológicamente el producto.

 

El Fernet 

Sobre todo la industria del Vermut, que muy pronto se afianzó notablemente en distintos mercados, influenció también la actividad de la industria de los licores italianos. Que adoptó para algunos de sus productos un tipo de aromatización y sabores amargos.

La Casa productora de los tres más conocidos tipos de Vermut, Martini, fue la primera que favoreció la introducción y la afirmación en el mercado de dos productos pertenecientes a la nueva boga de la mitad del ochocientos: la Quina y el Fernet.

Abandonados los Rosolios y las Ratafías, muy apreciados en tiempos de Luis XIV, pero incapaces de hacer frente a la competencia de los licores y de los aguardientes extranjeros, se crearon, gracias al uso conjunto del alambique y de hierbas maceradas. Estos nuevos tipos de parientes del vino se caracterizaron por un marcado carácter y una gran popularidad entre quienes se sienten jóvenes.

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