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Todo lo que tenés que saber si vas a trabajar en violencia de género

Dic 1, 2019

Por CAROLINA JACKY / Con la capacitación en perspectiva y violencia de género que hoy obliga la Ley Micaela seguramente todos aprenderemos lo que significa el NUEVO PARADIGMA.

La capacitación no es ir a una charla, ni a un par de ellas, la capacitación demandará tres o cuatro meses de cursado cómo básico y para tener algunas nociones. Aún así, nada garantiza que todos los cursantes terminen con toda la capacidad para atender esta problemática.

Para los operadores jurídicos, y especialmente para los profesionales del derecho que deseen llevar adelante este tipo de casos, deben saber que la práctica de este derecho es muy distinta a la que les han enseñado o han aprendido con el ejercicio normal de la profesión.

En violencia de género cada “caso” es “un caso”, no sirve copiar y pegar. Hay que pensar que cada caso es un proyecto de litigio que se debe analizar y elaborar.

Es muy importante preparar una estrategia de litigio ante cada caso, y esto demanda un trabajo interdisciplinario.

Desde el momento que tenemos distintos tipos y modalidades de violencia, lo primero es identificar estos tipos y modalidades. Descubrirlas es todo un desafío, muchas veces están naturalizadas y ni la víctima las reconoce. Para realizar esta tarea es necesario hacer interconsultas. Distintas disciplinas y si es necesario organismos y dependencias, conviene que hagan un relevamiento previo del caso.

De nada sirve precipitarse en una presentación judicial sin haber elaborado la estrategia correspondiente.

A diferencia de otros temas que llegan al despacho de cualquier profesional del derecho, las causas rodeadas de un contexto de violencia de género requieren no solo de un estudio en sí mismas, sino también de las condiciones de la víctima y si está preparada para ingresar a un proceso judicial.

No solo es el profesional del derecho el que toma esta decisión, también esto involucra seguramente a un profesional de la psicología capacitado en la materia. Este profesional puede desaconsejar iniciar un juicio, y nos dará las razones.

Un proceso judicial puede estar lleno de sinsabores.

Por la falta de capacitación de nuestros magistrados en esta temática es muy común que estos sinsabores minen la salud psicológica de la víctima y hagan colapsar el proceso.

Encontrar víctimas que no quieren luchar más, que quieren abandonar un juicio, que se entregan al violento, es moneda común.

Encontrar víctimas que ante un rechazo de alguna de sus demandas o de resoluciones que no terminan de protegerla y contenerla se precipitan en fuertes estados depresivos.

No debemos olvidar que en algunos casos tratamos con víctimas que han pasado por uno o más intentos de suicidio, o con internaciones psiquiátricas. Todo esto debe evaluarse.

No estamos ante una demanda de daños y perjuicios producto de un accidente de tránsito, tampoco con un cobro de alquileres o un desalojo, y así podríamos seguir nombrando… estamos ante “un caso” que se debe evaluar con PERSPECTIVA dentro de la violencia de género.

El contacto personal con la víctima es fundamental, pero esto siempre y cuando que quien realice esa entrevista tenga “perspectiva de género”. No necesariamente debe ser un profesional del derecho, la perspectiva de género es algo que se adquiere con la experiencia, con el trato diario y continuo con las víctimas. Se requiere de una sensibilidad especial, algo que no todos tienen.

Quien no sepa ver en la mirada de la denunciante los rasgos propios de la discriminación o la violencia, no puede llevar adelante estos casos.

La experiencia ganada con los años hace que en diez o quince minutos podamos diagnosticar si estamos ante una víctima o no.

Una vez que tenemos el primer diagnóstico hay que seguir avanzando, sin revictimizar y sin importar los tiempos que esto demande. La cuestión no es hacer lo que la víctima quiere, sino lo que es posible, lo que se debe, y siempre pensando en la víctima a fin de evitar cualquier revictimización.

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Ante el caso concreto de discriminación y violencia contra una mujer, seguramente tendremos un daño, daño que perdurará en el tiempo, ya que hasta que no se logre cerrar esa herida el daño persistirá.

Seguramente, que si logramos que se repare el daño, la víctima necesitará un tiempo para reponerse.

Algo que deben aprender los operadores jurídicos y todos los que trabajen en este tema, es que esa herida que dejó la discriminación y la violencia cicatrizará, pero nunca desaparecerá. Siempre estará ahí.

Por un lado, tenemos que respetar los tiempos de las víctimas, pero por otro lado también debemos preservar a la víctima de un fracaso.

Cuando todavía la jurisprudencia es adversa para el caso, cuando todavía nuestros magistrados disponen audiencias de conciliación o mediación habiendo denunciado violencia de género, cuando enfrentan a víctima con victimario, cuando todavía son restrictivos en el cumplimiento de las Convenciones CEDAW y BELEM DO PARA, o directamente ignoran la Ley 26.485, entonces debe ser el operador jurídico el que debe tomar su tiempo.

En el 2011 y 2012 se luchaba por la gratuidad de las actuaciones en violencia de género, por el derecho de que la víctima fuera acompañada por una persona de su confianza. Poco a poco nuestros magistrados advirtieron que existía un NUEVO DERECHO, y que debían cumplirlo.

La resistencia fue muy importante, y aún hoy existe. Todavía no se respetan los derechos de las víctimas y tampoco se juzga conforme lo indica el derecho convencional y la ley de orden público.

La víctima viene por sus derechos y cada caso hay que estudiarlo y tomar su tiempo de evaluación.

En un caso interviene una persona con perspectiva de género, un par de profesionales del derecho, es muy común que lo penal se cruce con lo civil o con el derecho de familia, también no debe faltar la Licenciada/o en Psicología. Este es el equipo básico. Quien no trabaje de esta manera puede perjudicar más a la víctima.

Esta complejidad puede ser el motivo de que no existan tantos equipos preparados para atender estos casos, y también el motivo de que el Poder Judicial siga manteniendo patrones patriarcales en los procedimientos.

En las últimas reformas de los Códigos de Procedimiento de la Provincia de Mendoza se advierte la falta de capacitación en perspectiva y violencia de género de nuestros legisladores y autores de dichos Códigos. Como ejemplo solo basta nombrar al Código de Procedimientos en materia de Familia, plagado de inconstitucionalidades, y que ya ha nivel internacional Argentina ha sido amonestada por estas deficiencias y apartamiento a las Convenciones Internacionales.

Mientras todavía nuestro Poder Judicial ampare a los magistrados en la violación de los derechos humanos será más difícil armar la estrategia del litigio.

El trabajo profesional en esta materia es una militancia que requiere de horas y horas de trabajo y estudio.

También esta militancia es resistida, amenazada, discriminada y muchas veces atacada.

Hay una fuerte resistencia a los cambios, también hay intereses que se oponen y solo quienes trabajan en esto saben de lo difícil que es llevar adelante esta lucha.

Los ataques y la discriminación que reciben quienes militan en esta materia suele ser sutil, quienes están en esto lo saben y tienen historias para contar.

No será fácil imponer la capacitación en perspectiva y violencia de género, una ardua tarea se nos presenta para los próximos años, habrá que librar todas las batallas necesarias para poder ganar esta guerra cultural

Carolina Jacky

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