Una pequeña figura de San Juan Bautista niño permanece desde hace generaciones en manos de una familia que mantiene su identidad en secreto. La hipótesis sobre su autoría surgió en la década de 1990 y nuevos estudios científicos buscan determinar si se trata de una obra perdida del artista italiano.
Una escultura conservada en secreto por una familia argentina podría ser una obra perdida de Miguel Ángel Buonarroti y alcanzar un valor de hasta 450 millones de dólares. La pieza, conocida como Il Giovannino, representa a San Juan Bautista niño y su autoría todavía debe ser confirmada por especialistas internacionales.
La figura mide apenas 30,5 centímetros y habría sido realizada durante la juventud del artista renacentista, cuando tenía alrededor de 20 años y vivía en Florencia. Si los estudios en curso respaldan esa atribución, podría convertirse en un hallazgo de enorme relevancia para la historia del arte.
La familia mantiene su identidad bajo reserva y conservó la escultura fuera de la vista pública durante décadas. La decisión estuvo relacionada con episodios judiciales y situaciones que, según la reconstrucción del caso, generaron preocupación por su seguridad.
La historia de la escultura que comenzó en los años 90
La hipótesis sobre la autoría de la pieza tomó forma a principios de la década de 1990, cuando Ángel Osvaldo Nessi, historiador del arte y entonces director del Museo de Bellas Artes de La Plata, comenzó a estudiarla.
Nessi trabajó sobre la escultura entre 1993 y 2000. En 1997 sostuvo que se trataba de una obra de Miguel Ángel, una atribución que despertó interés por la posibilidad de que fuera una de las representaciones de San Juan Bautista niño que se vinculan con el artista italiano.
Según la reconstrucción histórica, la pieza habría llegado al Río de la Plata durante el siglo XVIII y permaneció en manos de la misma familia a través de varias generaciones.
La difusión del caso en medios argentinos coincidió con una etapa difícil para sus propietarios. Después de distintos episodios que pusieron en alerta a la familia, la escultura quedó resguardada en una colección privada y su historia volvió a quedar fuera del debate público.

El allanamiento de 1995 y una causa judicial archivada
Antes de que la investigación artística tuviera mayor repercusión, la escultura quedó vinculada con una causa judicial. En abril de 1995, una denuncia de la Policía Federal, basada en información de informantes, señalaba que personas vinculadas con el Vaticano habrían intentado obtener la pieza.
La hipótesis de aquella denuncia indicaba que podía tratarse de una escultura robada de la Capilla Sixtina siglos atrás y trasladada de contrabando a la Argentina. Esa versión formó parte de la presentación judicial, pero no quedó acreditada como un hecho probado.
La causa quedó en manos del juez en lo Penal Económico Julio Cruciani. El 3 de mayo de 1995, el magistrado participó de un operativo junto con efectivos de la Policía Federal y agentes de la entonces Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE). Se allanaron la vivienda de la familia y la de un vecino, pero la escultura no fue encontrada.
Cruciani también consultó a dos profesores de la Universidad de Buenos Aires para evaluar la posibilidad de atribuir la obra. Los especialistas recibieron fotocopias de fotografías, sin examinar la pieza directamente, y señalaron que ese material no permitía establecer su autoría.
El 23 de mayo de 1995, a pedido de la fiscalía, el juez desestimó la denuncia por no constituir delito y la causa fue archivada.
A partir de entonces, la familia optó por mantener el silencio y la escultura desapareció de la escena pública. Décadas después, sus custodios aceptaron volver a contar la historia, aunque sin revelar sus identidades.

Qué revelaron los estudios científicos
Los análisis del material constituyen una de las líneas de investigación sobre la escultura. En 1998, Aurelio Álvarez Pérez, de la Universidad Autónoma de Barcelona, examinó muestras mediante técnicas de microscopía de luz polarizada y difracción de rayos X. Sus resultados determinaron que la pieza está hecha de alabastro yesoso.
En junio de 2026, Josep Oriol Oms Llobet, del Instituto de Geociencias de Barcelona (GEO3BCN-CSIC), realizó nuevos análisis con equipamiento más moderno y confirmó la composición del material.
El dato llamó la atención de los investigadores porque un documento histórico de 1570 describe el mismo material en otra escultura que durante siglos fue considerada una posible candidata a representar al San Giovannino perdido de Miguel Ángel. Esa pieza se encuentra actualmente en España.
Sin embargo, la coincidencia en la composición no demuestra por sí sola que la escultura argentina haya sido realizada por el artista italiano. Para sostener o descartar esa posibilidad también se necesitan pruebas documentales, testimonios y análisis estilísticos que permitan comparar la figura con otras obras de su juventud.
Parte de la investigación fue reunida por el investigador y documentalista Pablo Semmartin en la monografía Il Giovannino Perduto: una hipótesis atributiva a Miguel Ángel Buonarroti, publicada en los repositorios científicos Zenodo y Academia.edu.
El trabajo, iniciado en 2020, reúne más de 700 documentos originales de Nessi y bibliografía sobre el artista. La investigación propone distintas líneas de evidencia, entre ellas documentos históricos, testimonios, comparación estilística y análisis del material. Los estudios internacionales en curso buscan aportar elementos para determinar si la atribución tiene fundamento.
Por qué la escultura podría valer US$ 450 millones
La estimación de hasta 450 millones de dólares está condicionada a que la autoría de Miguel Ángel obtenga respaldo académico. No se trata de una tasación definitiva ni de una venta concretada.
Como referencia, el mercado internacional registró en 2017 la venta del Salvator Mundi, atribuido a Leonardo da Vinci, por más de 450 millones de dólares. La obra alcanzó una cifra récord, aunque su autoría continúa siendo discutida por algunos especialistas.
La comparación permite dimensionar el valor potencial que los investigadores y referentes del mercado asignan a una eventual confirmación. No obstante, la cotización de la escultura dependería de la autenticidad reconocida, de su estado de conservación y del interés de los compradores.
El caso ya generó contactos con referentes del mercado artístico internacional, entre ellos el marchand italiano Carlo Orsi, con quien el equipo mantuvo un encuentro en Londres.
Si se confirmara la atribución y se alcanzara una cotización de ese nivel, la familia podría ingresar entre las mayores fortunas argentinas. Por ahora, esa posibilidad forma parte de una estimación vinculada a una hipótesis que todavía debe ser validada.
Un documental reconstruye décadas de silencio
La historia también fue reconstruida en un documental centrado en la vida de la persona que custodia la escultura. El relato abarca desde el allanamiento de 1995 hasta los años de anonimato y exilio que, según la investigación, marcaron la vida familiar.
El proyecto incluye entrevistas con especialistas en Roma, Londres y Florencia, además de testimonios de personas vinculadas con la causa judicial, integrantes del Gobierno argentino de aquella época y agentes de la entonces SIDE.
La escultura continúa en manos de la misma familia que la conservó durante generaciones. Los nuevos estudios podrían ayudar a resolver una incógnita que lleva más de tres décadas abierta: si la pequeña figura de San Juan Bautista niño es realmente una obra perdida de Miguel Ángel.