Wall Street marcó nuevos récords, pero los activos argentinos quedaron rezagados y el riesgo país volvió a subir. La incertidumbre electoral comienza a pesar sobre las decisiones de inversión y Mendoza enfrenta el desafío de sostener sus sectores exportadores mientras el consumo y la actividad interna siguen bajo presión.
Por CARLOS FERNÁNDEZ / Mendoza enfrenta una nueva etapa de la economía de Javier Milei con una combinación de oportunidades y riesgos. Mientras Wall Street volvió a marcar récords y varios mercados emergentes recibieron con optimismo una inflación estadounidense menor a la esperada, los activos argentinos quedaron rezagados, el riesgo país volvió a subir y los inversores comenzaron a incorporar con mayor atención la incertidumbre política de cara a 2027.
Para Mendoza, el escenario no es indiferente. La provincia tiene una economía en la que conviven sectores fuertemente vinculados a las exportaciones, como el vino, la agroindustria y los hidrocarburos, con actividades que dependen principalmente del consumo interno, como el comercio, los servicios y buena parte de la construcción.
Ese contraste es precisamente el que empieza a definir el nuevo escenario económico.
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¿Por qué la cautela de los mercados puede impactar en Mendoza?
El mercado financiero argentino comenzó a mostrar un comportamiento diferente al de Wall Street y otros mercados emergentes.
Durante la última semana, el S&P Merval acumuló una caída de 4,5%, mientras los ADR argentinos retrocedieron en Nueva York y el riesgo país llegó a 480 puntos básicos. La señal no pasó inadvertida porque se produjo en un contexto internacional favorable para los activos de riesgo.
La cuestión para Mendoza es que un aumento de la incertidumbre financiera puede terminar trasladándose a la economía real.
Cuando sube el riesgo país, el financiamiento se encarece. Cuando aumenta la incertidumbre cambiaria o política, las empresas tienden a postergar decisiones de inversión. Y cuando el consumo no logra recuperarse, los sectores vinculados al mercado interno encuentran mayores dificultades para crecer.
Mendoza tiene además una característica que puede jugar a favor: una parte importante de su estructura productiva genera bienes y servicios con demanda externa.
Pero esa ventaja no alcanza para compensar automáticamente las dificultades del mercado doméstico.

¿Qué sectores de Mendoza pueden quedar mejor posicionados?
La economía mendocina tiene una exposición importante a las exportaciones.
El complejo vitivinícola, la agroindustria y la actividad hidrocarburífera tienen una relación más directa con los mercados externos que el comercio minorista o los servicios destinados exclusivamente a los consumidores locales.
Ese perfil puede convertirse en una ventaja si Argentina consigue sostener la estabilidad cambiaria y mejorar su acceso al financiamiento.
El caso de la energía es particularmente relevante. A nivel nacional, los sectores exportadores aparecen entre los principales impulsores de la recuperación económica, mientras las actividades más dependientes del mercado interno muestran mayores dificultades.
Para Mendoza, el desarrollo de Vaca Muerta y la actividad petrolera provincial agregan una dimensión adicional a ese escenario.
La provincia puede beneficiarse de mayores inversiones energéticas, de una mayor producción y de la expansión de las exportaciones.
El problema es que ese crecimiento no necesariamente se traduce con la misma velocidad en toda la economía mendocina.
¿Por qué el consumo sigue siendo una preocupación para Mendoza?
El otro lado de la economía provincial está relacionado con el consumo.
Comercios, pequeñas empresas, gastronomía, servicios y distintas actividades vinculadas al mercado interno dependen mucho más de la evolución de los ingresos de las familias.
Y allí la recuperación todavía muestra señales contradictorias.
La economía argentina consiguió una estabilización significativa en materia inflacionaria y cambiaria, pero la mejora no llegó de manera homogénea a todos los sectores. Un análisis reciente describió justamente esa diferencia entre las actividades exportadoras, que muestran mayor fortaleza, y sectores como industria, comercio y construcción, que continúan enfrentando dificultades.
Para Mendoza, esa diferencia resulta central.
Una provincia puede incrementar sus exportaciones y, al mismo tiempo, mantener comercios con ventas débiles o consumidores que todavía tienen dificultades para recomponer su capacidad de compra.
Por eso el dato financiero debe leerse junto con la evolución de la economía real.

¿Qué significa el riesgo país para las empresas mendocinas?
El riesgo país no es una variable exclusiva de los operadores de Wall Street.
Su evolución determina, entre otras cuestiones, las condiciones en las que Argentina puede acceder al financiamiento internacional.
En julio, el indicador había llegado a 408 puntos básicos, uno de los niveles más bajos de la era Milei. Posteriormente comenzó a subir nuevamente y en las últimas semanas volvió a ubicarse por encima de los 400 puntos.
Para una provincia que necesita inversiones en infraestructura, energía, producción y logística, el costo del financiamiento es un dato relevante.
Una Argentina que logra recuperar el acceso al crédito puede ofrecer mejores condiciones para la inversión privada y pública.
Una Argentina que vuelve a quedar atrapada en un escenario de incertidumbre financiera enfrenta exactamente el problema contrario.

¿Qué tiene que ver 2027 con la economía de Mendoza?
La elección presidencial de 2027 comenzó a aparecer con mayor fuerza en el análisis de los inversores.
El mercado no espera necesariamente hasta el año electoral para tomar decisiones. Si considera que el resultado puede ser más competitivo, empieza a modificar sus posiciones con anticipación.
Ese fenómeno ya comienza a observarse en el análisis de los bonos y de otros activos argentinos.
Para Mendoza, el resultado de esa discusión puede tener consecuencias concretas.
La provincia necesita previsibilidad para atraer inversiones, ampliar su producción exportadora, desarrollar infraestructura y sostener sectores estratégicos como el petróleo, el vino y el turismo.
Por eso el escenario político nacional no es una cuestión distante para la economía provincial.
¿Wall Street le está dando la espalda a Milei?
Por ahora, no.
La señal que aparece en los mercados es más moderada: los inversores dejaron de asumir que la normalización financiera argentina será necesariamente lineal.
Ese cambio es importante.
Durante buena parte de la gestión de Milei, la caída de la inflación, el equilibrio fiscal y la recuperación de determinadas variables financieras alimentaron expectativas favorables sobre el futuro argentino.
Ahora esas expectativas comienzan a convivir con nuevas preguntas.
¿Puede recuperarse el consumo? ¿Puede crecer el empleo? ¿Llegarán las inversiones? ¿Podrá Argentina sostener el acceso al crédito? ¿Y qué ocurrirá cuando el mercado comience a incorporar plenamente la elección presidencial de 2027?
Para Mendoza, esas preguntas tienen una traducción directa.
La provincia necesita que la estabilidad macroeconómica se convierta en actividad, inversión y empleo. También necesita aprovechar sus sectores exportadores sin dejar atrás a las actividades que dependen del mercado interno.
Por eso, más que la caída de una acción o la suba puntual del riesgo país, el dato que merece atención es otro: el mercado comenzó a preguntarse cuánto tiempo puede sostenerse la estabilidad financiera argentina si la recuperación económica no llega de manera pareja a todas las provincias y sectores.
Y para Mendoza, esa respuesta será especialmente importante.