El Cruce de los Andes no fue una improvisación ni solamente una proeza física. Desde Mendoza, José de San Martín organizó un ejército de más de 5.400 hombres, reunió miles de mulas y caballos, preparó los pasos cordilleranos y puso en marcha una operación de inteligencia que consiguió dispersar a las fuerzas realistas antes de la Batalla de Chacabuco.
El Cruce de los Andes fue mucho más que una hazaña militar. Desde Mendoza, José de San Martín organizó un ejército de más de 5.400 hombres, preparó durante meses la logística necesaria para atravesar la cordillera y puso en marcha una operación de inteligencia destinada a confundir a los realistas antes de la Batalla de Chacabuco.
Pero detrás de aquella marcha había algo mucho más complejo que coraje.
El Cruce de los Andes fue una gigantesca operación militar diseñada desde Mendoza, donde San Martín combinó organización, logística, conocimiento del territorio, disciplina e inteligencia para enfrentar a un enemigo que tenía una ventaja decisiva: conocía el terreno del otro lado de la cordillera.
El Ejército de los Andes llegó a reunir 5.423 hombres, de los cuales unos 4.000 eran soldados de combate y el resto cumplía tareas auxiliares, de transporte, abastecimiento y otros servicios. Para la campaña también se reunieron miles de mulas, caballos, ganado, armamento y provisiones.
¿Por qué Mendoza fue clave para el Cruce de los Andes?
La respuesta está en El Plumerillo.
En las afueras de Mendoza, San Martín instaló el campamento donde el Ejército de los Andes recibió instrucción y terminó de prepararse para la campaña. Allí no solamente se entrenó a los soldados: también se organizaron los servicios necesarios para trasladar una fuerza militar completa por una cordillera que carecía de caminos adecuados.
Se fabricaron armas, municiones y uniformes; se reunieron alimentos, forraje y animales; se prepararon los servicios sanitarios y se organizaron los elementos necesarios para transportar la artillería.
El Museo Histórico Nacional destaca que en El Plumerillo se realizaron prácticas de tiro, ejercicios de artillería y simulacros, mientras también se instalaron fábricas destinadas a producir armas, municiones, cañones y uniformes.
La dimensión de aquella preparación ayuda a comprender la magnitud de la empresa. Las fuentes históricas registran alrededor de 1.600 caballos y cifras de entre 9.000 y 10.600 mulas, según la fuente y el criterio utilizado para contabilizarlas. También se reunieron cientos de cabezas de ganado para alimentar a las tropas durante la marcha.
No se trataba, entonces, de hacer caminar a un ejército por la montaña. Había que conseguir que pudiera comer, combatir, trasladar artillería, transportar municiones y atender a los heridos al otro lado de los Andes.

¿Cómo funcionó la Guerra de Zapa de San Martín?
La otra gran arma de San Martín no fue un cañón.
Fue la información.
Antes de iniciar el cruce, el Libertador puso en marcha una operación de inteligencia conocida como Guerra de Zapa, destinada a confundir al enemigo, obtener información y generar incertidumbre sobre el verdadero lugar por donde avanzaría el Ejército de los Andes.
El propio San Martín utilizó el concepto en su correspondencia. En una carta fechada en Mendoza el 24 de enero de 1816 explicó que la “guerra de zapa” debía emplearse antes de llegar al enfrentamiento directo.
La estrategia permitió hacer circular información falsa sobre los posibles lugares de invasión y contribuyó a que las fuerzas realistas dispersaran sus efectivos.
El Instituto Nacional Sanmartiniano define esa operación como una verdadera guerra de inteligencia y señala que fue un complemento fundamental del cruce.
También participaron informantes, emisarios y colaboradores patriotas dentro de Chile. Entre ellos estuvo Manuel Rodríguez, cuya tarea sería nuevamente relevante en la campaña chilena. La documentación sanmartiniana registra la importancia de esta red de información en los meses previos al cruce.

¿Por qué el Ejército de los Andes se dividió en seis columnas?
San Martín sabía que no podía hacer avanzar a todo su ejército por un único paso cordillerano.
El plan contempló seis columnas que cruzarían por distintos pasos, a lo largo de un amplio frente entre La Rioja y el sur de Mendoza. La maniobra buscaba presentar al enemigo múltiples amenazas y, al mismo tiempo, dificultar que los realistas pudieran determinar dónde se produciría el golpe principal.
Las dos columnas principales avanzaron por Los Patos y Uspallata, mientras otras fuerzas realizaron movimientos por distintos pasos para contribuir a la dispersión de las tropas españolas.
La estrategia tuvo un resultado decisivo: los realistas debieron atender diferentes puntos de la cordillera en lugar de concentrar toda su fuerza en un único lugar.
En otras palabras, San Martín consiguió convertir la geografía de los Andes en parte de su estrategia militar.

¿Cómo logró el Ejército de los Andes atravesar la Cordillera?
La logística fue una de las mayores dificultades.
Las tropas debieron transportar armas, municiones, alimentos, abrigo y elementos de campaña por senderos estrechos y accidentados. La artillería debía ser trasladada por terrenos donde apenas existían caminos y en los que las pendientes, el frío y la falta de agua podían convertirse en enemigos tan peligrosos como las tropas realistas.
El Ejército contaba con especialistas destinados específicamente a facilitar el paso. Entre ellos estaban los barreteros de minas, además de baqueanos y personal especializado en diferentes tareas de montaña.
La pérdida de animales fue enorme. Documentación del Instituto Nacional Sanmartiniano registra que de las 10.600 mulas que partieron, unas 4.300 llegaron, mientras que de los 1.600 caballos solamente 511 llegaron en condiciones de ser contabilizados al término de la travesía.
Ese dato permite dimensionar las condiciones de la marcha mucho mejor que cualquier descripción épica.

¿Qué comían los soldados durante el Cruce de los Andes?
La alimentación también fue pensada para las condiciones de la campaña.
Uno de los alimentos más asociados con el Ejército de los Andes fue el valdiviano, preparado fundamentalmente con carne seca o charqui, grasa, cebolla y agua caliente. Era una comida sencilla, de fácil preparación y adecuada para una expedición en la que transportar alimentos frescos resultaba extremadamente difícil.
También se trasladaron grandes cantidades de charqui, galletas, vino, aguardiente y otros alimentos, además del ganado que podía ser faenado durante la marcha.
El objetivo era simple: que los soldados pudieran mantener su capacidad de combate pese a las condiciones extremas.
¿Cuándo comenzó el Cruce de los Andes?
El Ejército de los Andes inició su marcha desde Mendoza en enero de 1817. Las ceremonias principales de partida se realizaron en los primeros días de enero y las columnas principales comenzaron a avanzar hacia la cordillera a partir del 17 de enero.
La operación no consistió en una única columna avanzando al mismo tiempo. Cada fuerza tenía una misión determinada, un recorrido y un objetivo dentro del plan general.
Ese diseño permitió que la campaña se desarrollara sobre un frente mucho más amplio y dificultó la respuesta realista.
¿Cómo terminó la estrategia de San Martín en Chacabuco?
Después de atravesar la cordillera y reunirse las fuerzas patriotas, el Ejército de los Andes se enfrentó con las tropas realistas en la Batalla de Chacabuco, el 12 de febrero de 1817.
La victoria abrió el camino hacia Santiago de Chile y marcó un punto decisivo en la campaña independentista.
Pero Chacabuco no fue el resultado de una sola batalla.
Fue la consecuencia de meses de preparación en Mendoza, de una compleja operación logística, del conocimiento de los pasos cordilleranos y de una estrategia de inteligencia que había obligado al enemigo a dispersarse.
Por eso, cada 17 de agosto, cuando la Argentina recuerda a San Martín, el Cruce de los Andes puede ser leído desde una perspectiva que va mucho más allá de la hazaña física.
La gran gesta comenzó mucho antes de que el primer soldado alcanzara la cordillera. Comenzó en Mendoza, en El Plumerillo, cuando San Martín entendió que para vencer a los realistas primero tenía que conseguir algo todavía más difícil que atravesar los Andes: lograr que el enemigo no supiera exactamente por dónde iba a llegar.