La nieve que cubre la cordillera y que este sábado también llegó a distintos sectores del llano mendocino aparece en un momento clave para la provincia. La mayor acumulación nívea en los Andes puede transformarse en una reserva de agua fundamental para los próximos meses, mientras que el escenario asociado a El Niño obliga a reforzar la prevención ante las tormentas intensas, las crecidas y los posibles excesos de agua durante la primavera y el verano.
El Niño en Mendoza ya está instalado como uno de los principales factores meteorológicos que condicionarán la primavera y el verano 2026-2027. El Servicio Meteorológico Nacional mantiene una probabilidad cercana al 100% de continuidad de la fase cálida durante el trimestre agosto-septiembre-octubre, mientras que distintos organismos internacionales proyectan un fortalecimiento del fenómeno hacia el último trimestre del año.
Pero el impacto de El Niño no es igual en todo el territorio argentino. Para Mendoza, una de las claves está en la cordillera. Especialistas del INTA y del Ianigla señalaron que los años caracterizados por El Niño suelen favorecer una mayor ocurrencia de nevadas en distintos sectores de los Andes, particularmente en la región central y sur.
En una provincia árida como Mendoza, esa nieve tiene un valor que excede largamente el paisaje invernal. La acumulación en las altas cuencas constituye una reserva que, con el aumento de las temperaturas, comienza a transformarse en agua y alimenta los ríos que sostienen el sistema productivo, el riego, el consumo y buena parte de la actividad económica provincial.
Por eso, la nieve que llega a las montañas en esta época del año puede ser una buena noticia para Mendoza. No significa que vaya a nevar durante el verano, sino que parte de lo que hoy se acumula en la cordillera podrá convertirse en caudal durante los meses de mayor demanda hídrica.
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La nieve de septiembre mira hacia el verano
El vínculo entre nieve y agua es especialmente importante en Mendoza porque los principales ríos de la provincia dependen en buena medida del régimen nival. La nieve acumulada durante el invierno y comienzos de la primavera se derrite progresivamente y alimenta los cursos de agua durante la temporada cálida.
Por eso, una cordillera con una buena reserva nívea puede ofrecer mejores perspectivas para el próximo ciclo hidrológico. En una provincia que depende de manera estructural del agua de deshielo, cada centímetro de nieve acumulada en las cuencas tiene una importancia que recién se termina de dimensionar cuando comienza la temporada de deshielo.
El beneficio, sin embargo, no significa que Mendoza pueda relajarse. Una mayor disponibilidad de agua también exige planificar cómo recibirla, conducirla y administrarla.
Y allí aparece la otra cara del escenario.

El desafío de las tormentas por El Niño en Mendoza
Mientras la nieve acumulada representa una oportunidad para la disponibilidad hídrica, El Niño también puede favorecer un escenario de mayores precipitaciones en distintas regiones del país durante la primavera y el verano. Organismos nacionales ya recomendaron anticipar medidas para reducir los riesgos vinculados con lluvias intensas, excesos de agua, anegamientos e inundaciones.
Para Mendoza, el desafío tiene características particulares. Las tormentas de verano pueden generar precipitaciones intensas en períodos muy cortos y producir escurrimientos rápidos desde zonas de montaña y piedemonte hacia áreas urbanas y productivas.
Además, el agua que llegue desde la cordillera por el proceso de deshielo se combinará con las condiciones meteorológicas de cada momento. Por eso, la evolución de la nieve acumulada, las temperaturas, las lluvias y los caudales serán variables que deberán seguirse de manera conjunta.
El escenario no supone que cada tormenta vaya a provocar una emergencia. Tampoco permite atribuir automáticamente cualquier fenómeno meteorológico a El Niño. La propia información técnica del INTA advierte que la intensidad del fenómeno no necesariamente se traduce en mayores lluvias en todas las regiones y que el impacto depende de la zona y de la época del año.
Lo que cambia es el contexto general y, con él, la necesidad de estar preparados.
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Mendoza ya empezó a prepararse ante la llegada de El Niño
La prevención no es una hipótesis para la provincia. En los últimos días, Mendoza participó de una reunión regional de la Agencia Federal de Emergencias destinada precisamente a reforzar la coordinación frente a los posibles escenarios asociados a El Niño 2026-2027.
El encuentro reunió a organismos nacionales, provinciales y científicos y permitió avanzar en el Plan de Coordinación Federal ENOS 2026-2027, que busca mejorar la capacidad de respuesta ante los distintos riesgos que pueda generar el fenómeno.
La preparación también tiene una dimensión concreta en el territorio. El seguimiento de cauces, canales, zonas de escurrimiento y áreas vulnerables resulta especialmente importante antes de que llegue la etapa de mayor actividad de tormentas.
En ese sentido, la información meteorológica y los sistemas de alerta temprana adquieren un papel central. No se trata solamente de conocer cuánto va a llover, sino también de saber dónde, con qué intensidad y qué consecuencias puede tener esa precipitación sobre una provincia atravesada por cauces aluvionales y sectores urbanos expuestos.

Una buena noticia que también exige prevención
El paisaje de estos días puede leerse entonces de dos maneras. La nieve es, por un lado, una señal de que Mendoza puede encarar los próximos meses con una reserva hídrica más favorable. Los especialistas ya remarcaron que los años El Niño pueden favorecer acumulaciones importantes en la cordillera y que ese aporte resulta especialmente valioso para regiones áridas y semiáridas que dependen del agua de deshielo.
Pero la misma dinámica climática obliga a mirar unos meses más adelante.
La primavera será una etapa de transición, con el seguimiento de la evolución de la nieve y de las precipitaciones. Luego llegará el verano, cuando el aumento de las temperaturas acelere el proceso de deshielo y, al mismo tiempo, Mendoza ingrese en el período de mayor frecuencia de tormentas.
Por eso, el desafío para la provincia no será solamente tener más agua. Será estar preparada para recibirla, conducirla y aprovecharla, sin que una mayor disponibilidad hídrica termine transformándose en un problema cuando se combine con lluvias intensas, crecidas o escurrimientos extraordinarios.
En una Mendoza acostumbrada a administrar cada gota, El Niño puede traer una oportunidad que durante años fue especialmente difícil de encontrar: una cordillera con más nieve y mejores perspectivas de agua. Pero esa oportunidad tendrá que ir acompañada de prevención, información y capacidad de respuesta frente a las tormentas que pueda traer el verano.