Con la visita anunciada de la vicepresidenta de Argentina, Victoria Villarruel, Mendoza recibió a la máxima autoridad del Gobierno Nacional que dio el presente en el tradicional Desayuno de la COVIAR. Así la Fiesta Nacional de la Vendimia 2026 observó un llamativo contraste entre una industria vitivinícola que la está pasando muy mal y los políticos que ignoraron la cruda realidad y hablaron de un futuro próspero.
Por CAROLINA JACKY / A solo un día del Día Internacional de la Mujer, el “feudo” de Mendoza y sus cortesanos exhibieron lo más miserable de una sociedad corrompida por el poder, la falta de ética y el desprecio por las instituciones democráticas.
Ayer nos visitó la Dra. Victoria Villarruel, quien constitucionalmente ejerce la presidencia de la Nación, por ausencia del presidente.
Cabría preguntarse si nuestros gobernantes y los representantes de la COVIAR y de Bodegas de Argentina son conscientes de que recibían a la más alta autoridad del país.
Ya sea por sumisión al “señor feudal” de turno o por privilegios ocultos en su relación con el Ministerio de Economía de la Nación, lo cierto es que propiciaron un trato discriminatorio y hostil hacia la doctora Villarruel.
El Gobierno de Mendoza evidenció su total dependencia del poder central. Enviaron apenas a una legisladora a recibir al aeropuerto a la principal autoridad del país.
En ninguno de los actos oficiales se le cedió la palabra y se buscó, con un esfuerzo patético, esquivarla en las fotografías.
Todo resultó tan vulgar y miserable como cuando el exministro de Defensa —hoy diputado nacional— se travestía de militar mientras dejaba a la familia castrense sin servicios de salud; una gestión por la cual deberá rendir cuentas ante la Justicia tarde o temprano, cuando pierda los fueros que hoy utiliza como escudo.
Les Misérables
Como en la obra de Victor Hugo, este fin de semana revivimos ese drama en Mendoza: mismos arquetipos, distintas caras.
Hoy impacta cómo se intenta ocultar la profunda desigualdad social bajo la alfombra del protocolo.
Resulta imperativo denunciar esta brecha que el poder ignora, así como la sistemática anulación y cancelación de quien se atreve a levantar la voz para marcar una diferencia.
Todo el oficialismo provincial evitó a la Dra. Villarruel.
Los discursos de los representantes de la COVIAR y Bodegas de Argentina se pronunciaron de espaldas al pueblo y a la tremenda crisis que asfixia a los productores argentinos.
En medio de esos discursos melosos y complacientes, lógicamente, no podían permitir que la Vicepresidenta “desentonara” con la cruda realidad. Sin embargo, más allá de los medios controlados por la pauta y el cerco mediático, el pueblo tiene claro quiénes son, verdaderamente, les misérables.
La mayor autoridad de Argentina decidió, por cuenta propia, visitar el departamento de San Carlos para conocer a los productores y escuchar sus problemas de primera mano.
Allí recibió denuncias sobre corrupción que afecta a una cooperativa vitivinícola de la zona y fue informada sobre la asfixiante estructura de costos que atraviesa el agro mendocino.
Todo esto sucedió muy lejos de aquellos que, en pleno día de la Vendimia y en la tierra del Malbec por excelencia, se dedicaban a promocionar el vino Torrontés.
Mientras tanto, en otro espacio, algunos aplaudían el rumbo económico junto al presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, olvidando convenientemente la indiscriminada apertura de importaciones y la presión fiscal que ahoga a trabajadores y productores por igual.
La Vicepresidenta no se quedó con los cortesanos; eligió escuchar a un pueblo que necesita, desesperadamente, ser oído.