El arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo, encabezó una fuerte crítica al desfinanciamiento del Fondo de Integración Socio Urbana. Advirtió sobre la ausencia del Estado y el avance del narcotráfico, con impacto directo en sectores vulnerables.
En Mendoza la Iglesia católica volvió a posicionarse con firmeza en el debate social y político, con la pobreza y el narcotráfico en la lupa y el papel del Gobierno.
El arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo, lideró un fuerte cuestionamiento al Gobierno nacional por el desmantelamiento del Fondo de Integración Socio Urbana (FISU), un programa clave para el desarrollo de infraestructura básica en barrios populares. Desde la mirada local, el reclamo no es menor: en Mendoza, numerosas zonas vulnerables dependen de este tipo de políticas para avanzar en obras esenciales como cloacas, electricidad y urbanización.
El planteo se dio en el marco de una misa masiva realizada en La Matanza, pero con un mensaje que repercute directamente en la realidad mendocina. Colombo, quien además preside la Conferencia Episcopal Argentina, advirtió sobre la “ausencia del Estado” en los sectores más postergados y alertó que ese vacío puede ser ocupado por el narcotráfico, una problemática que también preocupa en distintos puntos de Mendoza.
¿Por qué la Iglesia de Mendoza cuestiona el recorte del FISU?
El Fondo de Integración Socio Urbana fue aprobado durante el gobierno de Mauricio Macri y contaba con amplio consenso político y respaldo de Papa Francisco. Su objetivo era financiar obras en barrios populares para mejorar la calidad de vida de miles de familias.

Desde Mendoza, el impacto del freno o recorte de este fondo genera preocupación concreta. En distintos departamentos de la provincia existen barrios que todavía requieren urbanización básica, acceso a servicios y mejoras estructurales. Sin financiamiento, esos proyectos quedan paralizados.
Colombo fue contundente al marcar que el retiro del Estado en estos sectores no solo profundiza la desigualdad, sino que también deja espacio a economías ilegales. Este diagnóstico tiene eco en Mendoza, donde distintas organizaciones sociales vienen alertando sobre situaciones similares en zonas vulnerables.
¿Qué relación tiene Mendoza con el mensaje de la Iglesia?
Aunque el hecho central ocurrió en Buenos Aires, la voz principal del reclamo fue mendocina. Colombo no solo habló como autoridad nacional de la Iglesia, sino también como referente directo de Mendoza, lo que le da un peso especial al mensaje en la provincia.
El arzobispo viene sosteniendo una agenda enfocada en lo social, con énfasis en la inclusión, la lucha contra la pobreza y el acompañamiento en barrios populares. En ese sentido, el cuestionamiento al Gobierno también interpela la realidad local.
En Mendoza, parroquias, organizaciones religiosas y movimientos sociales trabajan diariamente en contextos de vulnerabilidad, muchas veces supliendo la falta de políticas públicas sostenidas. El freno a programas como el FISU impacta directamente en esa tarea.
¿Qué advirtió la Iglesia sobre el avance del narcotráfico?
Uno de los puntos más sensibles del mensaje fue la advertencia sobre el crecimiento del narcotráfico en contextos de abandono estatal. Durante la misa, el obispo Eduardo García expresó que los barrios no pueden quedar librados a la “narcoesperanza”, una frase que resume el riesgo de que los jóvenes vean en el delito una salida.
Este fenómeno no es ajeno a Mendoza. En distintos sectores, especialmente en áreas urbanas vulnerables, la problemática del consumo y la venta de drogas viene generando preocupación creciente.
La Iglesia, a través de iniciativas como los Hogares de Cristo impulsados por el Papa Francisco, trabaja en la contención de personas con consumos problemáticos, una tarea que también se replica en la provincia.

¿Qué rol cumplen las organizaciones sociales y la Iglesia en Mendoza?
Ante la falta de respuestas estructurales, el trabajo territorial cobra un rol clave. En Mendoza, curas, voluntarios, catequistas y vecinos sostienen día a día espacios de contención, educación y asistencia.
Durante la ceremonia, Colombo recordó una frase del Papa que resume la situación: “Estamos en el mismo barco y salimos todos juntos o no sale nadie”. Esa mirada colectiva también se refleja en la provincia, donde la crisis social obliga a reforzar redes comunitarias.
El cierre de la misa, con el tradicional lavatorio de pies a personas vulnerables, simbolizó ese compromiso. El sacerdote Lorenzo “Toto” De Vedia dejó en claro que la Iglesia seguirá presente en los barrios, una postura que también se sostiene en Mendoza.
¿Qué puede pasar en Mendoza si se frena la inversión social?
El interrogante ahora es cómo impactará en el corto y mediano plazo la reducción de programas como el FISU. En Mendoza, especialistas advierten que sin inversión en infraestructura social, las brechas pueden ampliarse.
Esto implica no solo problemas habitacionales, sino también riesgos en seguridad, salud y educación. La falta de servicios básicos condiciona el desarrollo de miles de familias y limita oportunidades.
En ese contexto, el mensaje de la Iglesia mendocina busca instalar el tema en la agenda pública y presionar por políticas que atiendan la urgencia social.