La abogada mendocina Carolina Jacky analiza el rumbo económico del gobierno nacional y advierte que Argentina dejó atrás el riesgo de hiperinflación, pero avanza hacia una estanflación con atraso cambiario, desempleo y deterioro del tejido productivo.
Para comprender el presente de Argentina es vital distinguir dos conceptos que hoy condicionan la vida cotidiana: hiperinflación y estanflación, sobre los que la abogada mendocina Carolina Jacky sostiene que el país evitó un colapso monetario extremo, pero se encamina hacia un escenario igualmente preocupante.
Según su análisis, las decisiones adoptadas por el presidente Javier Milei y el ministro de Economía Luis Caputo podrían quedar lejos de cualquier reconocimiento académico internacional y más cerca de convertirse en un caso de estudio histórico.
¿Qué diferencia a la hiperinflación de la estanflación?
La hiperinflación no es simplemente una suba fuerte de precios. Es la pérdida total de control sobre el valor del dinero. Ocurre cuando la emisión desmedida y la falta de confianza hacen que la moneda deje de ser reserva de valor. El dinero “quema” en las manos, los precios cambian varias veces al día y el dólar se convierte en refugio inmediato.
Argentina conoce esa experiencia. Sin embargo, Jacky advierte que el peligro actual es diferente. La estanflación combina estancamiento económico con inflación persistente. Es el peor de los escenarios porque reúne dos problemas que, en condiciones normales, se combaten con herramientas opuestas.
Mientras la hiperinflación es vertiginosa y genera reacción inmediata, la estanflación es lenta, persistente y asfixiante.

¿Por qué la estanflación es un callejón sin salida?
En una economía convencional, si hay inflación el banco central sube las tasas para frenar el consumo; si hay recesión, las baja para estimular la actividad. Pero cuando ambas enfermedades aparecen al mismo tiempo, cualquier decisión puede empeorar una de ellas.
Jacky utiliza una metáfora médica: la economía es un paciente con dos patologías simultáneas. El tratamiento exige precisión quirúrgica. Si se suben tasas para frenar precios, se profundiza la recesión. Si se bajan para estimular el crecimiento, el dólar puede dispararse y acelerar la inflación.
En su visión, Argentina está ingresando en ese laberinto.
¿Qué rol juega el atraso cambiario?
Uno de los ejes centrales de su crítica es el anclaje del dólar como herramienta antiinflacionaria. El dólar actúa como corsé: contiene parcialmente la inflación, pero erosiona la competitividad.
Producir en Argentina se vuelve caro frente a importar. Eso golpea a la industria local, reduce márgenes y desalienta la inversión. En ese contexto, las empresas no contratan, aparecen despidos y los salarios pierden poder adquisitivo frente a precios que continúan subiendo.
La combinación de estancamiento e inflación deteriora tanto el empleo formal como el consumo.

¿Existe una “trampa de las expectativas”?
Jacky anticipa lo que denomina “trampa de las expectativas”. Cuando la estanflación se instala, también lo hace el pesimismo. Las empresas no invierten porque no hay demanda; los consumidores no gastan porque temen perder el empleo o porque sus ingresos ya no alcanzan.
Ese círculo paraliza la economía sin necesidad de una crisis explosiva. A diferencia de la hiperinflación —que genera alarma inmediata— la estanflación avanza en silencio hasta que el daño es profundo.
¿Qué límites impone el “Déficit Cero”?
El compromiso oficial con el “Déficit Cero” reduce el margen de maniobra. Bajar impuestos implicaría resignar recursos fiscales; aumentar el gasto podría romper la promesa de equilibrio; profundizar recortes agrava la recesión.
Según la abogada mendocina, el riesgo es que el éxito macroeconómico —como una desaceleración inflacionaria o baja del Riesgo País— llegue cuando el tejido productivo ya esté debilitado.
Sin empresas locales fuertes, la eventual recuperación beneficiaría solo a sectores exportadores o financieros, ampliando brechas internas.

¿Qué escenario se proyecta?
Jacky concluye que salir de la estanflación no tiene soluciones indoloras. Requiere reconstruir confianza, coordinar política monetaria y fiscal, y evitar medidas que profundicen la recesión.
El desafío no es solo técnico, sino social. Porque detrás de cada indicador hay empleo, salarios y proyectos de vida.
La discusión económica seguirá abierta. Lo que está en juego no es un premio académico, sino el futuro productivo y social de la Argentina.