La diputada nacional por Mendoza advierte sobre el desgaste social, la crisis de representación política, la salud mental y el desafío de integrar tecnología e innovación con derechos laborales. En esta entrevista, plantea la necesidad de “volver a la política como servicio” y construir comunidad frente al aislamiento y la incertidumbre.
En medio de un escenario atravesado por tensiones económicas, debates intensos en el Congreso y cambios acelerados en el mundo del trabajo, la diputada nacional por Mendoza, Lourdes Arrieta, reflexiona sobre el clima social que percibe y el rol que, a su entender, debe asumir la política.
En diálogo con este medio, Arrieta habla de jóvenes frustrados, madres sostén de familia, salud mental, transformación digital y del sentido profundo de la representación parlamentaria.
¿Cómo describe hoy el estado de la sociedad argentina?
—Veo una sociedad cansada. Pero, sobre todo, veo una sociedad sola. Veo jóvenes que estudian, trabajan, se esfuerzan y, aun así, sienten que realizarse es cada vez más difícil. Que el horizonte se corre permanentemente. La estabilidad parece haberse convertido en un privilegio y no en una base mínima desde la cual proyectar la vida.
La diputada señala que esa sensación impacta directamente en las decisiones personales.
—Pensar en una casa propia, en formar una familia o en crecer profesionalmente se vuelve cada día más cuesta arriba. Eso genera angustia, frustración e incertidumbre.
¿Qué otras realidades le preocupan especialmente?
—Me preocupan mucho las madres sostén de familia. Mujeres que cargan el peso del día a día con una dignidad inmensa, pero con una angustia silenciosa. No pueden darse el lujo de quebrarse porque hay hijos que dependen de ellas. Hacen malabares emocionales y económicos para que el plato esté en la mesa y la esperanza no se apague.
Para Arrieta, lo que ocurre no puede reducirse solo a una variable económica.
—Claro que la estabilidad económica es fundamental. Pero también necesitamos estabilidad afectiva y emocional. Necesitamos una seguridad interior que nos impulse, que sea motor. La certeza de que no estamos solas ni solos, de que hay comunidad y de que hay un Estado presente cuando la vida se vuelve difícil.
Usted citó a Hannah Arendt en su reflexión pública. ¿Qué quiso expresar?
—Como sostenía Hannah Arendt, la política debería ser el espacio donde construimos lo común. Sin embargo, muchas veces lo que vemos es un espectáculo de enfrentamientos permanentes.
Arrieta cuestiona el clima que, según su mirada, domina el debate parlamentario.
—Un Congreso que grita más de lo que escucha. Que confronta más de lo que construye. Un recinto de representantes que, para muchas personas, no representa.
¿Cómo entiende su rol dentro del Congreso?
—Yo represento y voy a seguir representando a quienes se sienten rotas, no escuchadas, no representadas. A quienes muchas veces se sienten vapuleadas por un sistema que parece discutir todo menos lo que verdaderamente les duele.
La legisladora toma distancia de lo que define como “la política del show”.
—No creo en el insulto como herramienta. No creo que el camino sea alimentar el “unos versus otros” mientras miles intentan sostener su salud mental y su economía cotidiana.
¿Por qué pone el foco en la salud mental?
—Porque la salud mental no puede seguir siendo un tema secundario. No es debilidad hablar de angustia, ansiedad, depresión o incertidumbre. Es humanidad. Y también es una responsabilidad pública.
En ese sentido, sostiene que el Estado debe ampliar su mirada.
—Gobernar no es solo administrar números. Es cuidar personas. Necesitamos un Estado que acompañe, que sostenga, que contenga. Que promueva oportunidades reales para las juventudes y redes de apoyo para las madres solas. Políticas públicas que abracen en lugar de expulsar.
También habló del mundo digital y las nuevas tecnologías. ¿Dónde ve el desafío?
—No podemos dejar atrás la transformación tecnológica. Allí hay una oportunidad concreta. Existen miles de trabajadoras y trabajadores digitales que hoy desarrollan tareas de programación, diseño, comunicación, servicios remotos y economía del conocimiento, muchas veces en condiciones de informalidad o precariedad.
Arrieta plantea que el reto central es equilibrar innovación con derechos.
—La transformación digital no debe ser una amenaza, sino una herramienta para ampliar oportunidades, especialmente para las juventudes y para quienes necesitan nuevas puertas de entrada al mundo laboral. El desafío es integrar estas nuevas tecnologías a un modelo de desarrollo que genere empleo genuino, acompañe la capacitación y facilite el paso a la formalidad.
¿Cuál será el eje de su labor legislativa?
—Mi labor estará enfocada en volver a las raíces. A la política como servicio. A la empatía como punto de partida. A la confianza como capital social. A demostrar que otra forma de hacer política es posible.
Antes de cerrar, deja una definición que resume su postura.
—Una sociedad no se reconstruye gritando más fuerte. Se reconstruye escuchando más profundo.