El intendente Omar Félix convocó a una convención constituyente para dotarle a San Rafael de su propia Carta Orgánica y encendió una mecha que llegó hasta la Casa de Gobierno. Cornejo respondió con una enmienda constitucional para los 18 departamentos. En el medio, una interna peronista que acelera los tiempos y una Suprema Corte que puede ser el árbitro final.
El conflicto entre el intendente Omar Félix y el gobernador Alfredo Cornejo por la autonomía municipal de San Rafael es mucho más que una disputa jurídica sobre quién puede convocar una convención constituyente. Es, en esencia, una batalla por el poder territorial en Mendoza, con implicancias directas para el peronismo, para el modelo de gestión provincial y para el futuro del federalismo real en Argentina.
¿Qué es la autonomía municipal de San Rafael? ¿Por qué Cornejo se opone? ¿Qué cambia con la enmienda constitucional propuesta?
El nudo jurídico: el artículo 123 y el dilema mendocino
Desde la reforma constitucional de 1994, el artículo 123 de la Constitución Nacional obliga a las provincias a garantizar la autonomía municipal. Sin embargo, la Constitución de Mendoza no fue actualizada en consecuencia, lo que genera una zona gris que ambas partes explotan a su favor.
Félix argumenta que la norma nacional le da a San Rafael el derecho a dictarse su propia Carta Orgánica sin necesitar permiso legislativo previo. El bloque oficial provincial, liderado por el titular de Diputados Andrés “Peti” Lombardi y la vicegobernadora Hebe Casado, sostiene lo contrario: que autoconvocarse sin aval de la Legislatura viola el orden institucional mendocino y amenaza la unidad del Estado provincial.
Esta tensión no es nueva en Argentina. Varios municipios del país han intentado caminos similares con resultados mixtos. Lo novedoso en Mendoza es la escala del conflicto y la velocidad con que escala hacia la Suprema Corte provincial, un escenario que puede dejar jurisprudencia duradera para los 18 departamentos.
La interna peronista: el motor oculto detrás del proceso
Para entender por qué Félix aceleró este proceso, hay que mirar hacia adentro del peronismo sanrafaelino. El alejamiento de los hermanos Omar y Emir Félix de La Cámpora no fue un movimiento menor: fue una declaración de independencia política que los expuso a represalias internas y los dejó sin la cobertura de la estructura nacional kirchnerista.
En las elecciones del 22 de febrero de 2025, los Félix lograron el control de la convención de constituyentes, lo que en términos prácticos significa que son ellos quienes van a redactar la eventual Carta Orgánica. Pero en el Concejo Deliberante, la paridad obtenida frente a la alianza entre Cambia Mendoza y los libertarios los dejó sin mayoría operativa para gobernar con comodidad.
Esa debilidad legislativa local explica por qué el intendente radicalizó su postura autonómica: la autonomía no es solo un proyecto de gestión, es también un instrumento de supervivencia política. Al instalar la agenda de la Carta Orgánica, Félix se posiciona como líder indiscutido del sur mendocino, desvía la atención de sus limitaciones en el Deliberante y construye un relato territorial propio que no depende del PJ provincial ni de Buenos Aires.

La nueva estrategia de Cornejo: la enmienda como tablero de ajedrez
El anuncio de Cornejo de enviar un proyecto de enmienda constitucional para otorgar autonomía a los 18 departamentos simultáneamente es, en apariencia, un gesto de apertura. En la práctica, es una jugada política de alta precisión que busca varios objetivos al mismo tiempo.
Primero, le quita a Félix la exclusividad del relato. Si Cornejo logra instalar la narrativa de que la autonomía municipal es un proceso ordenado que beneficia a todos los mendocinos por igual, San Rafael deja de ser el caso excepcional para convertirse en uno más dentro de un esquema general. Eso diluye el protagonismo del intendente y neutraliza su capital político.
Segundo, incluye límites clave que protegen la supremacía provincial. El esquema propuesto prohíbe explícitamente la creación de nuevos impuestos municipales y evita la fragmentación del sistema electoral. Ambas restricciones apuntan directamente a los riesgos que el oficialismo provincial ve en una autonomía sin reglas comunes: la proliferación de cargas fiscales locales, la aparición de calendarios electorales propios y la erosión del poder de la Legislatura como cuerpo regulador.
Tercero, pone a Félix en una posición incómoda. Si el intendente acepta la enmienda provincial, renuncia a la autonomía unilateral y admite implícitamente que necesitaba el permiso que siempre negó. Si la rechaza, queda como el actor que se opone a que los otros 17 departamentos mendocinos también accedan a la autonomía, lo que erosiona su credibilidad como defensor del federalismo municipal.
¿Qué puede pasar? Tres escenarios posibles
Escenario 1 — La Suprema Corte frena el proceso sanrafaelino. Si prospera la acción que amenazan con llevar Lombardi y Casado, el tribunal podría suspender la convención constituyente de San Rafael hasta que exista un marco legal provincial habilitante. Esto daría aire a Cornejo y dejaría en suspenso la Carta Orgánica por tiempo indeterminado.
Escenario 2 — La enmienda provincial avanza y San Rafael se suma. Si la Legislatura aprueba la reforma propuesta por el gobernador y Félix decide aceptar las condiciones, Mendoza podría convertirse en un modelo de autonomía municipal ordenada a nivel nacional. Sería una victoria política compartida, aunque con más brillo para Cornejo que para el intendente.
Escenario 3 — Coexistencia conflictiva y desgaste mutuo. Es el escenario más probable en el corto plazo. Félix avanza con la convención, Cornejo litiga en la Corte y la enmienda queda atascada en la Legislatura. Ambos actores se debilitan, pero el conflicto los mantiene en el centro de la agenda política mendocina.
Lo que está en juego para Mendoza
Más allá de las personas involucradas, este conflicto plantea preguntas estructurales sobre cómo se distribuye el poder en una provincia que tiene 18 departamentos con realidades muy distintas. San Rafael es el municipio más grande del interior mendocino, con una economía diversificada y una tradición de autogobierno que hace décadas reclama mayor autonomía fiscal y administrativa.
La tensión entre la urgencia del municipio y la cautela de la provincia refleja un problema que Argentina aún no ha resuelto treinta años después de la reforma constitucional del 94: cómo hacer real la autonomía municipal sin que se convierta en un instrumento de fragmentación o en un vehículo para intereses sectoriales disfrazados de federalismo.
Mendoza tiene hoy la oportunidad —y la obligación— de encontrar esa respuesta. El resultado de esta pulseada puede marcar jurisprudencia y sentar un precedente para otras provincias que miran el proceso desde afuera con atención creciente.