El auxiliar de la Policía de Mendoza tenía 27 años y fue hallado sin vida en su vivienda de calle Berutti, en el departamento de General San Martín. Semanas antes había manifestado intenciones de autolesionarse y el caso volvió a exponer la crisis de salud mental que atraviesan las fuerzas de seguridad.
La muerte de un joven auxiliar de la Policía de Mendoza generó profundo impacto en el departamento de San Martín y volvió a encender las alarmas sobre la salud mental dentro de las fuerzas de seguridad provinciales.
El efectivo, de 27 años, fue hallado sin vida este lunes en su vivienda ubicada sobre calle Berutti, en General San Martín. Según trascendió, prestaba servicios en el Palacio de Justicia y atravesaba una delicada situación emocional que ya había motivado intervenciones preventivas por parte de autoridades judiciales y áreas específicas de la fuerza.
El caso provocó conmoción entre familiares, amigos y compañeros de trabajo, además de reabrir un debate que desde hace años atraviesa a distintos sectores vinculados a la seguridad: el estrés laboral, la presión cotidiana y la falta de mecanismos de contención psicológica sostenidos para los uniformados.
El antecedente que había encendido las alarmas
De acuerdo con la información conocida, apenas 37 días antes del fallecimiento se había registrado un episodio que encendió señales de alerta en el entorno del joven policía.
El 11 de abril, su madre realizó una llamada al 911 luego de que el efectivo manifestara intenciones de autolesionarse. A partir de esa situación intervino personal policial y se activaron medidas preventivas dispuestas por la Justicia.
Como parte de esas actuaciones, se ordenó el secuestro preventivo de su arma reglamentaria y del chaleco balístico, además de dar intervención a áreas de Investigaciones y Salud Mental.
Sin embargo, pese a esas medidas, el desenlace volvió a dejar expuestas las dificultades estructurales que existen para garantizar un seguimiento efectivo y sostenido de integrantes de la fuerza que atraviesan crisis emocionales o cuadros severos de estrés.
Una problemática que ya había sido advertida en Mendoza
La tragedia vuelve a poner sobre la mesa una problemática que especialistas y referentes vinculados al ámbito policial vienen advirtiendo desde hace tiempo en Mendoza.
Meses atrás, la abogada Carolina Jacky había alertado sobre una “crisis profunda” dentro de la familia policial mendocina y cuestionó la falta de respuestas políticas frente al incremento de casos vinculados a salud mental y suicidios dentro de la fuerza.
En aquella oportunidad, también remarcó que muchos efectivos atraviesan extensas jornadas laborales, desgaste psicológico y situaciones permanentes de presión sin contención adecuada ni acompañamiento profesional sostenido.
El impacto dentro de la Policía de Mendoza
La noticia generó profundo dolor entre compañeros y allegados del joven auxiliar, especialmente entre quienes compartían tareas diarias con él en dependencias judiciales.
Fuentes vinculadas al ámbito de seguridad reconocen desde hace tiempo que muchos efectivos conviven con elevados niveles de presión psicológica derivados de la exposición constante a situaciones traumáticas, la sobrecarga laboral y el desgaste emocional acumulado.
En distintos sectores policiales también advierten que todavía persisten dificultades para que muchos uniformados pidan ayuda profesional por temor a estigmatizaciones internas o consecuencias laborales.
Reclamos por más acompañamiento psicológico
Tras conocerse el fallecimiento, distintos sectores comenzaron nuevamente a plantear la necesidad de revisar los protocolos actuales de asistencia y seguimiento psicológico para integrantes de la fuerza.
Especialistas en salud mental remarcan desde hace años la importancia de implementar programas preventivos permanentes y accesibles, especialmente en profesiones de alto desgaste emocional como las vinculadas a seguridad y emergencias.
Mientras tanto, el hecho continúa generando fuerte conmoción en Mendoza y particularmente en General San Martín, donde familiares, compañeros y allegados aún intentan procesar el dolor por la pérdida del joven efectivo.