Más de la mitad de los niños y adolescentes en Argentina vive en la pobreza, según un informe de la UCA. Aunque hubo una leve mejora en los últimos años, el 53,6% no cubre necesidades básicas y persisten fuertes desigualdades sociales.
La pobreza infantil en Argentina continúa siendo una de las problemáticas más graves del país. Según el último informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA), más del 53% de los niños y adolescentes no logra cubrir necesidades básicas como alimentación, salud y condiciones adecuadas de vida.
El dato, correspondiente al cierre de 2025 y difundido por la Agencia Noticias Argentinas, revela que el 53,6% de los chicos entre 0 y 17 años se encuentra en situación de pobreza. Si bien la cifra representa una mejora respecto a años anteriores, el nivel sigue siendo alarmante y refleja una situación estructural que afecta a millones de familias.
¿Cómo evolucionó la pobreza infantil en Argentina en los últimos años?
El informe de la UCA muestra una tendencia descendente en los últimos dos años, aunque partiendo de niveles extremadamente altos. Al inicio del gobierno de Javier Milei, la pobreza infantil alcanzaba el 62,9%. Posteriormente, el indicador bajó a 59,7% en 2024 y finalmente a 53,6% en 2025.
Esta reducción se vincula principalmente con la baja de la inflación y una mejora en los ingresos provenientes de programas sociales. Sin embargo, los especialistas advierten que la caída no implica una solución estructural, sino una leve corrección dentro de un contexto aún crítico.
Si se observa la serie histórica, el mejor momento se registró en 2011, cuando la pobreza infantil descendió al 35,7%. Desde entonces, los indicadores mostraron un deterioro sostenido, con un fuerte salto en 2018 (51,7%) y niveles por encima del 60% desde 2020.
¿Qué condiciones enfrentan los niños pobres en Argentina?
Más allá del porcentaje general, el informe pone el foco en las condiciones de vida de los niños y adolescentes en situación de pobreza. El 42% de ellos habita en viviendas con problemas de saneamiento, lo que incluye falta de acceso a cloacas o sistemas adecuados de tratamiento de residuos.
En materia de salud, el 61,2% no cuenta con cobertura médica a través de obra social, mutual o prepaga. Esta situación limita el acceso a controles, tratamientos y atención preventiva, profundizando las desigualdades.
Además, el 82% de los chicos no participa en actividades culturales o educativas fuera del ámbito escolar, lo que impacta directamente en su desarrollo integral y oportunidades futuras.
¿Cómo impacta la pobreza en la salud emocional y la educación?
El informe también advierte sobre el impacto emocional de la pobreza en la infancia. Según los datos relevados, el 18% de los niños y adolescentes presenta síntomas de tristeza o ansiedad, de acuerdo a la percepción de los adultos responsables.
La situación es aún más crítica en la adolescencia, donde el porcentaje asciende al 21,2%. Dentro de este grupo, las mujeres presentan mayores niveles de malestar emocional que los varones (24,7% frente a 18%).
Las desigualdades sociales también influyen de manera determinante: los chicos pertenecientes a sectores muy bajos duplican la probabilidad de sufrir problemas emocionales en comparación con aquellos de sectores medios altos.
A su vez, la presencia de tristeza o ansiedad incrementa en un 46% la probabilidad de bajo rendimiento escolar, lo que evidencia un vínculo directo entre condiciones sociales, salud mental y educación.
¿Qué pasa con el acceso a tecnología y educación?
En el plano educativo, los datos también reflejan carencias importantes. Apenas la mitad de los hogares con niños cuenta con una computadora, y solo el 16% tiene acceso a internet.
Estas limitaciones afectan el aprendizaje, especialmente en un contexto donde la educación digital se volvió cada vez más relevante. La brecha tecnológica profundiza las desigualdades y condiciona las posibilidades de desarrollo de los sectores más vulnerables.
Además, solo el 6,3% de los estudiantes recibe algún tipo de ayuda económica para sostener sus estudios, lo que deja a la mayoría sin apoyo adicional en contextos de vulnerabilidad.
¿Qué cambios demográficos muestra el informe de la UCA?
El estudio también revela un cambio en la estructura de los hogares argentinos. La cantidad de familias con niños y adolescentes viene disminuyendo de manera sostenida en las últimas décadas.
En 1991, el 56% de los hogares tenía menores de 18 años, mientras que en 2022 ese número cayó al 44%. Las proyecciones indican que para 2025 todas las jurisdicciones del país estarán por debajo del nivel de reemplazo poblacional de 2,1 hijos por mujer.
Este fenómeno marca una transformación demográfica significativa, que convive con altos niveles de pobreza infantil y plantea nuevos desafíos sociales y económicos.