La pérdida de más de 100 mil puestos a nivel nacional impacta con especial dureza en Mendoza, donde el empleo formal cae por encima del promedio y golpea a sectores clave como el comercio y la construcción.
La situación del empleo en Mendoza atraviesa un momento crítico y los últimos datos de la Secretaría de Trabajo de la Nación reflejan una tendencia preocupante: el empleo registrado en el sector privado continúa en retroceso.
La medición, correspondiente a enero de 2026 en comparación con el mismo mes de 2025, confirma una pérdida superior a los 100 mil puestos de trabajo, consolidando un escenario recesivo que también golpea de lleno a Mendoza.
En este contexto, el modelo económico impulsado por el presidente Javier Milei apuesta a sectores como la minería, la energía, el petróleo y el agro exportador como motores de crecimiento. Sin embargo, ese esquema no logra traccionar empleo en provincias con menor desarrollo en esas áreas, lo que profundiza las desigualdades regionales.
¿Por qué cae el empleo registrado y cómo afecta a Mendoza?
La caída del empleo formal responde a múltiples factores que afectan directamente al sector privado. Entre los principales se destacan la retracción del consumo, el aumento de costos operativos, la paralización de la obra pública y la apertura de importaciones.
En Mendoza, estos elementos tienen un impacto más profundo. La provincia, a pesar de su matriz productiva diversificada, muestra indicadores laborales peores que el promedio nacional. Esto deja en evidencia la fragilidad del entramado empresarial local frente a un contexto económico adverso.
La consecuencia directa es una reducción sostenida de puestos de trabajo formales, lo que genera un deterioro en la calidad de vida de los hogares mendocinos.

¿Qué sectores están más golpeados en Mendoza?
Dos sectores clave concentran el mayor impacto de la crisis laboral en Mendoza:
Construcción: es el rubro más afectado debido a la paralización de la obra pública. La falta de proyectos no solo elimina empleo directo, sino que también perjudica a toda la cadena productiva vinculada.
Comercio: históricamente uno de los motores del empleo local, hoy muestra signos claros de debilitamiento. El cierre de locales y la reducción de personal se repiten en distintos puntos de la provincia, impulsados por la caída del consumo y el incremento de costos.
Además, la apertura de importaciones intensifica la competencia y complica aún más la situación para los comerciantes mendocinos.
¿Qué consecuencias tiene la pérdida de empleo en Mendoza?
La destrucción de empleo registrado no solo impacta en quienes pierden su trabajo, sino que genera efectos estructurales en toda la economía provincial:
- Caída del poder adquisitivo
- Aumento de la informalidad laboral
- Mayor presión sobre los servicios públicos
- Deterioro del sistema de seguridad social
El empleo formal, que históricamente fue el sostén de la clase media, pierde terreno frente a formas de trabajo más precarias, lo que agrava la desigualdad social.
¿Por qué Mendoza aparece entre las más afectadas?
El dato que más preocupa es que Mendoza se ubica entre las provincias con mayor pérdida de empleo registrado. Esto resulta llamativo considerando su perfil productivo diversificado.
La explicación radica en la combinación de factores locales y nacionales: caída del consumo interno, freno en la obra pública, incertidumbre macroeconómica y falta de inversiones concretas que impulsen la contratación.
Mientras otras regiones logran sostener ciertos niveles de actividad vinculados a recursos naturales estratégicos, Mendoza enfrenta mayores dificultades para generar empleo genuino en el corto plazo.
¿Qué puede pasar en los próximos meses?
Los especialistas coinciden en que la recuperación del empleo será lenta. La destrucción de puestos de trabajo suele ser más rápida que su recuperación, lo que deja secuelas económicas y sociales difíciles de revertir.
En Mendoza, el desafío será doble: resistir el impacto de la recesión y, al mismo tiempo, generar condiciones que permitan reactivar el sector privado.
Esto implica políticas orientadas a incentivar la inversión, fortalecer el consumo interno y acompañar a las pymes, que son las principales generadoras de empleo en la provincia.
La situación actual enciende una señal de alerta. El empleo es el pilar central de cualquier economía sostenible, y en Mendoza ese pilar muestra signos de debilitamiento cada vez más evidentes.
Si no se revierte la tendencia, el impacto podría ser duradero, afectando no solo a los trabajadores actuales, sino también a las oportunidades futuras de toda una generación.