Productores y familias del cinturón verde de Mendoza denuncian el desborde del sistema cloacal que contamina canales de riego, pone en riesgo la producción hortícola y deteriora la calidad de vida en la zona.
La situación en el cinturón verde de Mendoza suma tensión y preocupación, ya que en Los Corralitos, productores hortícolas y vecinos conviven con un problema estructural que, lejos de resolverse, se agrava con el paso del tiempo: el colapso del sistema cloacal y su impacto directo en canales de riego, viviendas y producción de alimentos.
El conflicto, que lleva al menos dos años sin solución definitiva, se volvió crítico en los últimos meses tras la rotura de un caño madre en calle 2 de Mayo. Desde entonces, líquidos cloacales se vuelcan hacia canales utilizados para el riego agrícola, generando un escenario de alto riesgo sanitario y económico.
¿Qué está pasando con el sistema cloacal en Los Corralitos?
El origen del problema está en fallas estructurales del sistema cloacal que no fueron resueltas con intervenciones de fondo. Según explicó el ingeniero agrónomo y productor Martín Betancud, las reparaciones realizadas hasta el momento fueron parciales y no lograron frenar los desbordes.
La rotura del caño principal derivó en el derrame constante de efluentes hacia canales de riego, lo que implica que el agua utilizada en las fincas llega contaminada. Esta situación no solo compromete la producción agrícola, sino que también expone a la población a riesgos sanitarios.
Los reclamos apuntan directamente a Aysam como responsable del sistema, además de cuestionar la falta de intervención efectiva del Departamento General de Irrigación y del municipio de Guaymallén.
¿Cómo afecta la contaminación a la producción hortícola?
El impacto sobre la producción es inmediato y grave. En el cinturón verde de Mendoza se cultivan principalmente hortalizas de hoja, como lechuga, acelga y espinaca, especialmente durante el invierno.
La normativa sanitaria prohíbe el uso de agua contaminada para este tipo de cultivos, incluso si ha recibido algún tratamiento. Esto deja a los productores en una situación crítica: muchos ya sembraron y avanzan con sus cosechas, pero no tienen certezas sobre si podrán comercializarlas.
El antecedente más cercano ocurrió meses atrás, cuando parte del agua contaminada alcanzó el canal Pescara. En ese momento, se decomisaron productos para evitar riesgos a la salud pública, generando importantes pérdidas económicas.
Hoy, el temor es que esa situación se repita, agravando aún más la crisis del sector.
¿Qué consecuencias económicas y sociales genera esta crisis?
La crisis no solo impacta en la producción, sino en toda la economía regional. La horticultura es una actividad clave en la zona, generadora de empleo y movimiento económico.
La imposibilidad de vender productos, sumada al riesgo de decomisos, pone en jaque la sustentabilidad de muchas fincas. A esto se suman los costos adicionales derivados de intentar mitigar el problema sin soluciones estructurales.
En paralelo, vecinos denuncian que el agua cloacal ingresa a sus viviendas, generando humedad, daños estructurales y condiciones insalubres. La consecuencia es visible: proliferan los carteles de venta en la zona, reflejando el intento de muchas familias por abandonar el lugar.
Aunque no existen cifras oficiales, se estima que cientos de familias están afectadas por esta situación, que combina problemas sanitarios, económicos y habitacionales.
¿Qué respuestas dieron las autoridades?
Frente a la gravedad del escenario, productores y vecinos elevaron reclamos ante la Legislatura provincial, con el acompañamiento de algunos legisladores que impulsaron la declaración de emergencia ambiental.
Sin embargo, según denuncian los afectados, estas iniciativas no se tradujeron en soluciones concretas. Betancud cuestionó la falta de obras prometidas, como la construcción de un canal aliviador, que nunca se materializó.
En su lugar, se instalaron bombas que resultan insuficientes para contener los desbordes, lo que evidencia la necesidad de una intervención estructural más profunda.
¿Cuál es la solución de fondo para este problema?
Para quienes viven y trabajan en Los Corralitos, la raíz del conflicto es clara: falta de mantenimiento sostenido y ausencia de planificación a largo plazo.
La solución, coinciden, no pasa por medidas temporales, sino por una obra integral que contemple la renovación del sistema cloacal y la infraestructura necesaria para evitar nuevos colapsos.
Mientras tanto, la incertidumbre crece. No solo por las pérdidas económicas que ya se registran, sino también por el riesgo sanitario que implica producir alimentos con agua contaminada.
El escenario actual expone una problemática compleja que combina infraestructura deficiente, falta de coordinación estatal y consecuencias directas sobre la producción de alimentos y la calidad de vida.
Por ahora, la crisis en el cinturón verde de Mendoza sigue sin una respuesta concreta, mientras productores y vecinos continúan esperando soluciones urgentes.