La abogada mendocina Carolina Jacky analiza la pérdida de credibilidad en las instituciones, las promesas incumplidas del Gobierno, la inflación persistente y el riesgo de una estanflación agravada por el contexto internacional. En una entrevista con enfoque crítico, advierte que sin confianza real no habrá recuperación sostenible.
La abogada mendocina Carolina Jacky sostiene que la Argentina atraviesa una profunda crisis de confianza que impacta no solo en la economía, sino también en el vínculo entre el Estado y la sociedad. En diálogo con este medio, advierte que las promesas de estabilización, dolarización y baja de impuestos no lograron generar el “shock de confianza” anunciado, y que la persistencia de la inflación, el aumento del desempleo y la presión impositiva consolidan un escenario de estanflación.
¿Qué es el “shock de confianza” y por qué no se logró en Argentina?
—Se habló mucho del “shock de confianza” y de la necesidad de una sociedad que crea en su futuro. Sin embargo, estamos lejos de eso. Cuando miramos otros países, vemos ciudadanos que confían entre sí, donde la palabra del otro es prácticamente un documento. No viven bajo la sospecha permanente de que el prójimo los va a engañar o incumplir.
En la Argentina, en cambio, hemos perdido la confianza en la Justicia, en los legisladores y en casi todas las instituciones. Si muchos siguen guardando los dólares bajo el colchón es porque no creen en los bancos, pero mucho menos en los políticos. Sin confianza, no hay inversión ni recuperación posible.
¿Qué ocurrió con la promesa de dolarización e inflación cero?
—Se prometió terminar con el Banco Central y dolarizar la economía. Hoy se habla de “competencia de monedas”, pero eso es una falacia si no hay libre circulación real. No existe competencia genuina cuando el Gobierno interviene mediante tasas de interés, bonos o letras para controlar artificialmente el valor del dólar.
También se prometió terminar con la inflación. Sin embargo, desde abril del año pasado vemos subas mes a mes. Y muchas personas sienten que los precios aumentan más de lo que reflejan las estadísticas oficiales.
¿Influye la intervención en organismos como el INDEC en la confianza pública?
—Por supuesto. Cuando el Gobierno interviene en la conducción del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) tras una discusión sobre el IPC, se profundiza la desconfianza. Si la gente percibe que su experiencia cotidiana no coincide con los números oficiales, se genera una brecha peligrosa.
La confianza no se declama, se construye con transparencia y coherencia. Si las estadísticas no son creíbles, todo el programa económico pierde sustento social.
¿Qué balance hace sobre las promesas económicas para 2025?
—Nos dijeron que la economía subiría como “pedo de buzo” y que en 2025 volaría. Pero la realidad es que la mayoría de los argentinos no cobra en dólares y llegar a fin de mes cuesta cada vez más.
Se prometió terminar con la “casta”, pero en la práctica los más golpeados fueron jubilados, pensionados y personas con discapacidad. Se abrió la economía y hoy se consiguen productos importados muy baratos, muchos de origen chino, pero eso dejó a industrias locales en situación crítica.
Hay fábricas que cerraron y trabajadores que perdieron su empleo porque ya no conviene producir. Cada día hay más desempleo y más trabajo informal. Así es imposible hablar de confianza.
¿Quiénes se benefician con el actual esquema económico?
—Hoy el mejor negocio es el financiero, el famoso carry trade. Pero este sistema necesita que ingresen dólares de manera constante para sostenerse. Es una estructura frágil.
Se habló de bajar impuestos, pero basta mirar una boleta de luz, gas o agua, o el precio de los combustibles, para ver la presión impositiva nacional, provincial y municipal. Eso sí, se redujeron tributos para importar bienes de lujo y se otorgaron beneficios fiscales a grandes empresas y al sector financiero.
Entonces, ¿quién era la “casta”? Esa pregunta empieza a tener otra respuesta.
¿Qué pasó con la promesa de no perseguir a los ahorristas?
—El 10 de diciembre de 2023 hubo una gran oportunidad de ganar confianza social. Durante parte de 2024 muchos mantuvieron un voto de confianza, aunque ya no ciego.
Se prometió no controlar más a los argentinos y eliminar la persecución de la AFIP, hoy reemplazada por Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA). Sin embargo, poco después comenzaron los controles sobre billeteras virtuales y las recategorizaciones de oficio en el Monotributo.
Así es muy difícil que alguien saque los dólares del colchón o apueste al sistema formal.
¿Existe riesgo de estanflación en Argentina?
—Ya estamos en un escenario de inflación con recesión, es decir, estanflación. Hay intereses altísimos, familias que pagan el mínimo de la tarjeta y un deterioro visible en salud, educación y obra pública.
A eso se suma el contexto internacional. Si se profundiza el conflicto con Irán y sube el precio del petróleo, el impacto será global y alcanzará a la Argentina en su peor momento. Eso puede potenciar aún más la estanflación: el peor de los mundos, con caída de actividad y aumento de precios al mismo tiempo.
¿Qué se necesita para recuperar la confianza?
—Se necesita empatía, coherencia y previsibilidad. No alcanza con slogans. La confianza se construye con hechos concretos, con reglas claras y con respeto por las instituciones.
Hoy estamos lejos de aquel “shock de confianza” inicial. Recuperar la fe es difícil cuando se duda de todo y de todos. Pero es imprescindible. Sin confianza real, ningún programa económico puede sostenerse en el tiempo.