Un relevamiento nacional reveló que el presidente Javier Milei acumula un 55,6% de imagen negativa frente a un 36,1% positiva. El estudio también muestra el impacto del “caso Manuel Adorni” en la opinión pública y ubica a Cristina Fernández de Kirchner como la figura más asociada a corrupción desde 1983.
El informe que midió la imagen negativa de Javier Milei, salpicado por el caso Adorni, fue elaborado por la consultora Giacobbe y Asociados y ofrece una radiografía actualizada del clima social y político en la Argentina. Además de medir imagen de dirigentes, indaga en percepciones emocionales y en el impacto de temas sensibles que atraviesan la agenda pública.
¿Qué imagen tiene Javier Milei según la última encuesta?
El dato más relevante del sondeo es el nivel de imagen negativa del presidente Javier Milei, que alcanza el 55,6%, mientras que su imagen positiva se ubica en 36,1%.
Este diferencial marca una tendencia compleja para el Gobierno, en un contexto donde la percepción social aparece atravesada por sentimientos mixtos. Según el estudio, las palabras que más se repiten entre los encuestados para describir el momento del país son:
- Incertidumbre
- Esperanza
- Tristeza
Este esquema de “nube de palabras” refleja un escenario emocional fragmentado, donde conviven expectativas de cambio con preocupaciones económicas y sociales.
¿Quiénes tienen mejor y peor imagen en la política argentina?
El ranking de dirigentes con mejor imagen positiva es encabezado por Patricia Bullrich, quien alcanza un 37,2%.
Detrás aparecen otras figuras relevantes del escenario político:
- Axel Kicillof: 34,8% positiva y 50,8% negativa
- Cristina Fernández de Kirchner: 26,8% positiva y 55,2% negativa
- Victoria Villarruel: 20,6% positiva y 65% negativa
Los números muestran un escenario de alta polarización, donde ningún dirigente logra superar ampliamente el umbral del 40% de imagen positiva, lo que refleja una fuerte fragmentación en la representación política.
¿Qué opinan los argentinos sobre el “caso Adorni”?
Uno de los puntos centrales del estudio es el impacto del denominado “caso Manuel Adorni”, investigado en la Justicia por presunto enriquecimiento ilícito vinculado a viajes al exterior y adquisición de inmuebles.
La encuesta indagó qué es lo que más molestó a la ciudadanía en relación a este tema. Los resultados fueron contundentes:
- El 39,3% señaló “el uso de recursos públicos” en beneficio personal
- El 33,9% apuntó a la “contradicción política” entre discurso y conducta
- El 17,3% mencionó “la cobertura de los medios”
El rechazo al uso de recursos públicos crece especialmente entre quienes ya tienen una imagen negativa del Gobierno, alcanzando el 59,8% en ese segmento.
En tanto, la crítica a la cobertura mediática tiene mayor peso entre votantes o simpatizantes de La Libertad Avanza, donde llega al 42,6%.
¿Qué gobierno está más asociado a corrupción en Argentina?
El estudio también incluyó una pregunta histórica: ¿qué gobierno está más vinculado a hechos de corrupción desde el retorno de la democracia en 1983?
El ranking es liderado por Cristina Fernández de Kirchner, con un 44,4% de las respuestas.
El resto de los resultados fue el siguiente:
- Javier Milei: 31,3%
- Carlos Menem: 8,4%
- Mauricio Macri: 5,7%
En el extremo opuesto, los gobiernos de Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa aparecen prácticamente sin asociación a hechos de corrupción, con 0,0% y 0,6% respectivamente.
¿Qué revela esta encuesta sobre el clima social en Argentina?
Más allá de los números puntuales, el estudio deja en evidencia un clima social atravesado por tensiones, desconfianza y expectativas moderadas.
Por un lado, el alto nivel de imagen negativa del presidente Javier Milei refleja un desgaste en sectores de la sociedad. Por otro, la persistencia de figuras con alta imagen negativa en todo el arco político confirma la dificultad de construir liderazgos con amplio consenso.
El impacto del “caso Manuel Adorni” suma un elemento adicional de desgaste, especialmente en temas sensibles como el uso de recursos públicos y la coherencia política.
En este contexto, la política argentina continúa marcada por la polarización, la fragmentación y una ciudadanía que combina incertidumbre con expectativas de cambio.