Tienen 85 y 80 años, perciben el haber mínimo y, pese a haber trabajado toda su vida, deben recurrir a trabajos informales para subsistir. La mayor parte de sus ingresos se destina a medicamentos.
Antonio, de 85 años, y Juana, de 80, son dos jubilados mendocinos que, a pesar de haber trabajado durante toda su vida, hoy cobran la jubilación mínima y se ven obligados a realizar trabajos informales para poder subsistir. La situación económica, agravada por el alto costo de los medicamentos, los empuja a pasar largas jornadas en la calle para completar ingresos.
¿Por qué Antonio sigue trabajando a los 85 años?
El jubilado explicó que su principal motivación es la necesidad económica extrema. Gran parte de su haber mensual se destina a gastos en la farmacia. “Soy jubilado, cobro la mínima y esto me ayuda a comprar los remedios”, contó Antonio en diálogo con Canal 9, donde relató que trabaja como trapito en una plaza.
¿Cómo afrontan el trabajo diario?
La pareja enfrenta jornadas extensas que, en muchos casos, se prolongan hasta la noche. Antonio remarcó que la compañía de su esposa es clave, tanto en lo operativo como en lo emocional. “Estamos los dos solos, por eso viene conmigo”, explicó al describir la dinámica cotidiana que sostienen para salir adelante.
¿Qué pasa con la cobertura médica y los medicamentos?
Si bien cuentan con cobertura de OSEP, los descuentos no alcanzan frente al aumento sostenido de los precios de los fármacos. Antonio detalló que debe pagar de su bolsillo el 60% de tratamientos esenciales para la presión arterial y la neuralgia. “Son muchos remedios y son carísimos. Tener que pagar el 60% es muchísimo para mí”, expresó con angustia.
¿Cuál fue la historia laboral de Antonio?
Su vida estuvo marcada por el trabajo constante en tareas rurales y de limpieza. Sin embargo, la falta de aportes suficientes derivó en su actual situación previsional. Aun así, el jubilado reivindica su derecho a seguir activo para preservar su dignidad y su salud mental. “Siempre fui pobre, siempre trabajé de todo. Nunca pedí nada regalado”, recordó.
¿Por qué se niega a depender de sus hijos?
Antonio remarcó que su trabajo se basa en el respeto con los conductores y que no quiere ser una carga para su familia. Su filosofía de vida prioriza la dignidad del trabajo por sobre la asistencia estatal o familiar. “No quiero depender de nadie, quiero mantenerme a mí mismo”, sentenció.