El hijo de la Difunta Correa es el mayor enigma del culto popular: ¿Sobrevivió alimentándose del pecho de su madre muerta o nunca existió? Historiadores, antropólogos y relatos orales ofrecen versiones contrapuestas que mantienen vivo el misterio.
La historia del milagro de la supervivencia del hijo de la Difunta Correa es uno de los mayores enigmas de la religiosidad popular en Argentina. No se conoce su nombre con certeza, no existen documentos que acrediten su identidad y, para algunos historiadores, ni siquiera hay pruebas firmes de su existencia. Sin embargo, su figura ocupa un lugar central en el relato fundacional del culto: el milagro de un bebé que habría sobrevivido varios días alimentándose del pecho de su madre ya fallecida en medio del desierto sanjuanino.
¿Quién fue el hijo de la Difunta Correa y qué se sabe realmente sobre él?
Las certezas son escasas. El niño es mencionado únicamente como “el hijo de la Difunta”, sin registros civiles ni eclesiásticos que confirmen su nombre o su destino. Las versiones que circularon a lo largo del tiempo se apoyan casi exclusivamente en la tradición oral, en relatos recopilados por investigadores y en obras que recogen testimonios transmitidos de generación en generación.
Una de las hipótesis más difundidas sostiene que el bebé fue rescatado con vida por viajeros y posteriormente adoptado por mujeres de apellido Medina, residentes en el paraje La Legua, en Santa Lucía. Según esta versión, basada en trabajos del historiador Jorge Delgado y en el libro de Aldo Büntig ¿Magia, religión o cristianismo?, el niño habría sido bautizado con el nombre de Francisco y criado hasta su muerte, ocurrida alrededor de los 20 años por una pulmonía.
¿Existió realmente el niño o se trata de una construcción mítica?
Otras miradas son más escépticas. El historiador Rubén Darío Guzmán sostiene que no hay documentación que pruebe la existencia ni de Deolinda Correa ni de su hijo. Señala que, si bien existió una familia Correa en la ciudad de San Juan, no hay registros de una mujer llamada Deolinda ni constancias de su asentamiento en La Majadita. También cuestiona que un suceso de tal magnitud no haya sido registrado por los diarios de mediados del siglo XIX, como Tribuna, Crónica o La Unión, lo que considera un indicio relevante.
Además, Guzmán pone en duda la coherencia geográfica del relato tradicional, ya que la leyenda indica que Deolinda habría partido hacia La Rioja en busca de su marido, pero el recorrido narrado la conduce hacia el Este y no hacia el Norte.
¿Qué dicen las investigaciones antropológicas sobre el milagro?
Entre 1968 y 1978, las antropólogas Susana Chertudi y Sara Josefina Newbery realizaron uno de los primeros estudios sistemáticos sobre la Difunta Correa, recopilando al menos trece versiones distintas del relato. En varias de ellas aparece el núcleo del milagro: Deolinda muere de sed en la travesía y, días después, su hijo es hallado con vida, aún prendido de su pecho, alimentándose de su madre ya muerta.
En otras versiones, en cambio, el niño es encontrado sin vida junto a ella, lo que demuestra la diversidad de relatos y la ausencia de un relato único y definitivo dentro del imaginario popular.
¿Qué relación existe entre la Difunta Correa y antiguas leyendas indígenas?
Una de las interpretaciones más sugerentes vincula la historia de la Difunta Correa con una antigua leyenda huarpe. En su libro La Difunta Correa y José Dolores, Jorge Delgado plantea la posible influencia de relatos prehispánicos asociados a la Madre Tierra o Pachamama, en los que una mujer muere en el desierto y su figura se transforma en fuente de protección y vida.
Según esta mirada, la devoción actual podría ser el resultado de un proceso de sincretismo cultural, en el que hechos históricos, tradiciones indígenas y religiosidad popular se fusionaron a lo largo del tiempo.
¿Qué se sabe sobre los restos hallados en Vallecito?
A comienzos de la década de 1960 surgió una versión poco difundida que aportó un nuevo elemento al debate. Doña Ramona Oliva de Maldonado, propietaria del terreno donde se ubicaba la tumba atribuida a la Difunta, habría encontrado huesos de un niño al remover tierra del lugar antes de la expropiación del predio por parte del Estado.
Según el relato recogido por Miguel Giménez en La Difunta y el Niño, esos restos habrían sido examinados por un profesional que determinó que correspondían a un niño de aproximadamente dos años, fallecido entre 100 y 120 años antes. Para Giménez, este dato resulta significativo, ya que los primeros enterramientos formales en la zona comenzaron recién en 1913, con ataúd y certificado de defunción obligatorios.
¿Por qué el misterio sigue vigente?
La ausencia de documentos, la multiplicidad de versiones y la fuerza simbólica del milagro explican por qué la figura del hijo de la Difunta Correa continúa envuelta en incertidumbre. Más allá de su existencia histórica, el relato del niño que sobrevivió gracias al amor materno se convirtió en el corazón de una devoción que atraviesa generaciones y fronteras, y que sigue movilizando la fe de miles de personas.