Un desafío radical: unir en un mismo proyecto la cumbre del Aconcagua en estilo alpino y los 70K del Aconcagua Ultra Trail. 140 kilómetros atravesados con autonomía, experiencia y un pacto que puso la vida y el compañerismo por encima de cualquier cima.
Tres latidos: el de Tano Ísola, Magui Nieto y el Aconcagua. Empiezan a entrar en sincro cuando Weis los conecta a los dos apasionados por la montaña para decirles que tienen aventuras en común. Las conversaciones empiezan, se traza un plan y se le pone un nombre: Aconcagua 70 + 70.
El plan radical: desde Horcones en el Parque Provincial Aconcagua, alcanzar cumbre de la montaña más alta de América con una altura de 6962 MSNM en modo non stop y sin asistencia externa. Luego estará en la línea de partida del Aconcagua Ultra Trail, regresando a subir hasta Plaza Francia a 4200 MSNM. De esa travesía saldrían los 140K en el coloso de América.
Magui esperaba 6 años para concretar su experimento/experiencia. Buscaba hacer Horcones-Cumbre-Horcones. Para aspirar a eso fue dos veces al Parque. La primera no pudo hacer cumbre. No se sintió bien y tomó la decisión de bajar estando en Independencia. La segunda vez sí hizo cumbre. Y ahí entendió que podía bancarse lo que venía física y mentalmente.
Con otro sueño en paralelo e igual de ambicioso, Tano pretendía salir desde Plaza de Mulas, tocar la cima y volver para enganchar Aconcagua Ultra Trail. En el 2025 estuvo a nada de hacerlo realidad. Se quedaron a unos 300 metros positivos de la cumbre. El tiempo no jugó a favor, el escuchó y bajó. Al día siguiente corrió 90K seguramente mirando las rocas con la convicción de que no iba a ser la última vez que las pisara y que le daría revancha.

Tano en un momento se preguntó: “¿funcionará el equipo, estaremos al mismo nivel físico, se alinearan nuestras mentes, somos humildes?…” El sí a todo y crear un lenguaje propio entre los dos le dio la tranquilidad de saber que iba a estar todo bien. Esta forma de comunicarse creó un compañerismo incondicional. Entre los dos montañistas había un pacto: ninguna cima valía más que volver juntos. Para esto siempre hubo conciencia en las elecciones, conversaciones honestas sobre sus estados y sentimientos, fue clave que hayan dejado atrás el ego y hayan podido verso de la forma más transparente posible para avanzar con latidos al mismo ritmo.
El Cerro más imponente los esperados para marcarles el ritmo con inicio de aclimatación el 8 de febrero. Arrancaron por Horcones, pasaron por Confluencia, Nido de Cóndores, Campo Canadá y Plaza de Mulas con base en los campamentos de Grajales y equipados con Ansilta le hicieron frente a vientos de casi 100km/hya bajísimas temperaturas.
Se los pudo ver transitar el Parque a través de Garmin In Reach , un tipo de comunicación satelital activa con el que se los podía trackear. Los “locos con precaución”, padre y madre de 3 y 4 portaron su propio equipo en estilo alpino, sin mulas. Eligieron sentir el peso real del proyecto sin delegar ni un kilogramo. Cargaron lo necesario y con esto la responsabilidad que conlleva la elección de descargar o sobrecarga. Más livianos o más pesados, estaban por su cuenta en una autonomía total.
El 18 de febrero, en el último campamento, sentados en una carpa a 5.621MSNM viendo las condiciones y hablando el dialecto que habían desarrollado, decidieron conjuntamente que no era el momento para llegar a la cumbre. Los corazones de los 3 ya no estaban en sincro. El clima y la montaña habían sentenciado el fin de la idea de una cumbre, pero no de los 70k.
Imaginandolos bajando en esas condiciones me pregunto: ¿y si llegaban a la cumbre y una nube los cubría por completo? ¿Y si a 6962mtrs no había paisaje, horizonte o un “mirá hasta dónde llegamos”?¿Sería lo mismo hacer cumbre? Las cumbres pueden ser invisibles y estar hechas por la experiencia, el aprendizaje, el recorrido, las decisiones y los pactos. Tal vez esos picos no se traten de mirar desde arriba y sí de atravesar y transitar el sendero juntos.
Con pocas horas de sueño y descanso, tocaron base. Descansaron en el refugio y contaron las poquísimas horas que les quedaban para emprender los siguientes 70k en el Aconcagua Ultra Trail.

La segunda etapa: Aconcagua Ultra Trail
Era el momento de dar el paso a la nueva etapa, alargar la mochila y correr más livianos. Con lo que les quedaba de fuerza y convicción largaron a las 5.30hs desde Penitentes equipados de forma ligera y técnica con ropa y accesorios de montaña de Weis.
Después de 12 días de convivencia, Tano y Magui se separan para hacer sus propias carreras en modo trail running. Una nueva visita al coloso pero esta vez con un diálogo interno más profundo, con el cuerpo al límite y al ritmo que dictan las piernas.
Bajaron a 2700 MSNM para, de nuevo, subir 4100 MSNM hasta Plaza Francia, ver la Pared Sur del Aconcagua y bajar pasando por donde había comenzado todo, Horcones, luego cambiar de paisaje para ver el Puente del Inca, Museo en Desvío Leñas. Por último, pasar cerca de la meta, escuchando la voz del locutor y sentir el “tan cerca pero tan lejos”, subieron por la pista de Penitentes para encarar el último tramo.
Con vientos de 100km/hy alrededor de 57km completados, Magui le dice al conejito que lleva en su chaleco: “agarrate fuerte conejito, no nos vamos a volar” mientras que el Tano se tira al piso deseando que el viento se le lleve un desahogo reprimido convertido en lágrima. Pero estas no salieron, pues le faltaba su criptonita. Además, no era el momento, tenía que terminar el desafío.
El fin. Tano llega a la meta y espera con atención a su compañera. Reflexionando me dice: “qué paliza me dio la montaña” para un hombre con millas y millas de kilómetros encima la cosa debe haber estado bien áspera. La batalla fue real y él estuvo a la altura.
De lejos un amigo de los héroes del momento le grita al Tano: “me parece que ahí viene Magui”, la visual e identifica por su chaleco azul y calzas negras. El Tano sale disparado para recibirla. Hay un primer abrazo, un silencio en el encuentro entre los dos compañeros. Él la aliena a dar los últimos pasos para cruzar, finalmente, la meta. Con un “abrazo infinito”, como lo llamó el Tano, sintetizaron días de resistencia, resiliencia, empuje, adaptación y de un compañerismo que nunca negoció su pacto. La verdadera cumbre fue haber llegado juntos.
Magui termina 1ra en la general y Tano 1ro en su categoría y con una sorpresa sobre el final, cuarto en la general. Pero ¿realmente importa ese número? Si cuando le preguntas cómo llegaste te contestan: rotos pero felices. Aunque se los veía enteros. Haciendo más incapié en todo lo atravesado que en el resultado final.
Ellos repiten con frecuencia que ya son grandes, que quieren que otros se contagien. Y yo me pregunto cómo alguien podría aspirar a desafiarse de la verdad si no se nutre de toda esa experiencia acumulada. La vitalidad que transmiten no nace de la impulsividad, sino del camino recorrido, de las decisiones acertadas y de las que dolieron. Es una energía que empuja desde la conciencia, desde el conocimiento profundo del propio cuerpo, del clima, del riesgo y del límite. Esa experiencia es su capital más valioso, y también su mayor fuente de inspiración para nuevos proyectos.
Tal vez por eso este fue el tiempo perfecto. Sin antes. No después. Perfecto ahora. Un proyecto ambicioso sin búsqueda de registros, pero con la intención de dejar una huella para que otros se animen. Experiencia acumulada puesta al servicio del ejemplo. Quedó clarísimo que cuando el ego se corre y el propósito se comparte, la pregunta deja de ser individual y se vuelve colectiva: ¿hasta dónde podemos ir cuando caminamos juntos?. Quizás este solo sea el comienzo de más proyectos para Magui y Tano.
Gentileza: Luciana Balbi