La abogada mendocina Carolina Jacky advierte que el caso venezolano expone una doble vara política a nivel global y sostiene que los verdaderos perdedores son siempre los pueblos, no las potencias ni las ideologías.
La situación de Venezuela volvió a encender el debate internacional, pero para la abogada mendocina Carolina Jacky el foco sigue puesto en el lugar equivocado. Especialista en derechos humanos, violencia de género y derecho previsional, la letrada asegura que el análisis sobre el régimen de Nicolás Maduro está atravesado por sesgos ideológicos, hipocresías políticas y una peligrosa falta de memoria histórica.
¿Por qué afirma que el debate sobre Venezuela se analiza “según el cristal con que se mire”?
– Porque la mayoría opina desde su zona de confort ideológica. Algunos hablan de derecho internacional, otros de derechos humanos, pero casi nadie lo hace desde la realidad concreta del pueblo venezolano, ese mismo pueblo que emigró por miles. La vara cambia según si el autoritario es de derecha o de izquierda, y eso deja en evidencia una enorme hipocresía.
¿Venezuela es una dictadura o una autocracia?
– Se le puede poner el nombre que se quiera, pero no es un sistema democrático liberal. Autocracia para algunos, dictadura para otros, lo cierto es que Venezuela nunca fue un ejemplo de respeto a los tratados internacionales de derechos humanos, y mucho menos durante el gobierno de Nicolás Maduro.
¿Quiénes son responsables de que el régimen se haya consolidado?
– No solo el propio poder autoritario. Los tibios también sostienen estas autocracias, ya sean de izquierda o de derecha. Las hipocresías políticas internacionales toleraron, justificaron y avalaron ese crecimiento del poder hasta que se consolidó.
¿Qué rol juegan las grandes potencias en el escenario actual?
– El mundo se lo reparten los grandes. No sorprende que Rusia haya retirado a su personal de la Embajada en Caracas con anticipación. Es válido preguntarse si hubo reconocimientos implícitos de áreas de influencia: Venezuela para Estados Unidos, Ucrania para Rusia, Taiwán para China. Son hipótesis que politólogos como Andrés Malamud han planteado con bastante información.
¿Dónde queda Europa en este tablero geopolítico?
– Europa hoy es un “cuatro de copas”. Tiene poco margen de decisión real. En este juego de poder, lo que menos importa es lo que le pasó ayer, le pasa hoy o le pasará mañana a un pueblo. Lo único que parece importar es el ombligo ideológico de cada actor.
Usted menciona una fuerte falta de memoria histórica. ¿A qué se refiere?
– A que muchos opinan hoy sin recordar antecedentes claves. ¿Qué se decía cuando Estados Unidos apoyó a Fidel Castro para derrocar a Batista? ¿O cuando Daniel Ortega destituyó a Somoza para luego convertirse en un nuevo autócrata? ¿Qué pasó con Stroessner en Paraguay, con Allende y Pinochet en Chile? La falta de memoria revela hipocresía o supina ignorancia.
¿También existe una doble vara en Argentina?
– Sí. Muchos argentinos recuerdan, con razón, la intervención de Estados Unidos en nuestra política, pero olvidan convenientemente la de Cuba o Rusia. No se puede cambiar el discurso según quién intervenga. Si no se levantó la voz antes, hoy no alcanza con decir que se opina igual para ambos casos.
¿Cuál debería ser la salida urgente para Venezuela?
– Que vuelva de forma inmediata a un sistema democrático libre, con respeto efectivo por los derechos humanos y restablecimiento del orden republicano, especialmente la división de poderes. La institucionalización es la única garantía real para su pueblo.
¿Qué lección deja el caso venezolano para la región?
– Evitar repetir los errores de otros pueblos que entregaron su soberanía a líderes mesiánicos y permitieron la concentración del poder legislativo y judicial en una sola persona. Lamentablemente, eso también lo hemos apoyado en los últimos tiempos, y las consecuencias están a la vista.